Romance de la paciencia

poetakabik

Poeta veterano en el portal
Mecenas
Todo en la vida se gasta,
todo declina y se aleja;
la carne aprende el otoño,
la luz aprende la niebla.

Se nos descuelga la sangre
como hoja que ya no tiembla,
y el nombre, que fue bandera,
se vuelve bruma sin letra.

Entonces quedan las manos.
Sólo las manos que velan.
Manos que aceptan el tiempo
sin discutir su sentencia.

No luchan contra el ocaso,
no piden gloria ni tregua,
tan sólo habitan el instante
como quien riega la tierra.

Lavan el rostro del padre,
peinan la historia deshecha,
y en cada arruga descubren
la eternidad de una huella.

Saben que cuidar no es salvar,
ni detener la marea:
es acompañar el paso
mientras la barca se suelta.

Como faroles humildes
al borde gris de la senda,
arden sin ruido en la noche
para que otro no tropiece.

Y al inclinarse, comprenden
—sin palabras, sin escuela—
que el amor más verdadero
es el que nada se queda.

Porque servir al que cae
nos vacía y nos completa:
perdemos peso de ego
y ganamos vida entera.

Tal vez el mundo se sostenga
por esas almas pequeñas…
por quienes cuidan despacio
lo que el tiempo ya no recuerda.
 
Todo en la vida se gasta,
todo declina y se aleja;
la carne aprende el otoño,
la luz aprende la niebla.

Se nos descuelga la sangre
como hoja que ya no tiembla,
y el nombre, que fue bandera,
se vuelve bruma sin letra.

Entonces quedan las manos.
Sólo las manos que velan.
Manos que aceptan el tiempo
sin discutir su sentencia.

No luchan contra el ocaso,
no piden gloria ni tregua,
tan sólo habitan el instante
como quien riega la tierra.

Lavan el rostro del padre,
peinan la historia deshecha,
y en cada arruga descubren
la eternidad de una huella.

Saben que cuidar no es salvar,
ni detener la marea:
es acompañar el paso
mientras la barca se suelta.

Como faroles humildes
al borde gris de la senda,
arden sin ruido en la noche
para que otro no tropiece.

Y al inclinarse, comprenden
—sin palabras, sin escuela—
que el amor más verdadero
es el que nada se queda.

Porque servir al que cae
nos vacía y nos completa:
perdemos peso de ego
y ganamos vida entera.

Tal vez el mundo se sostenga
por esas almas pequeñas…
por quienes cuidan despacio
lo que el tiempo ya no recuerda.
Cuidar no es salvar, sino acompañar y reconocer el valor de las pequeñas acciones que sostienen la existencia a lo largo del tiempo.
Es lo que he aprendido de este gran texto.

Saludos
 

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