poetakabik
Poeta veterano en el portal
Llegan todas, una a una,
sin permiso ni llamada,
como el pulso de la vida
cuando en mí se reconoce.
La tristeza se hace pausa
y en su llanto me acompasa,
la alegría, sin ruido,
se desliza y me descansa.
La ansiedad roza mi pecho
como un eco que reclama,
y la ira, en su lenguaje,
pone límites… y resguarda.
El miedo vela en la sombra
lo que aún no se ha mirado,
y la duda abre caminos
donde nada está cerrado.
La soledad me recoge
cuando el mundo se apaga,
y el deseo enciende en mí
lo que busca ser palabra.
No hay ninguna que me sobre,
ni ninguna que me falte,
todas forman este pulso
que en lo humano se comparte.
Ya no lucho por callarlas,
ni pretendo gobernarlas,
las escucho… y en su paso
voy aprendiendo a habitarlas.
Y en ese ir y venir
de lo que nace y se marcha,
descubro que no soy ellas…
pero en todas me encontraba.
sin permiso ni llamada,
como el pulso de la vida
cuando en mí se reconoce.
La tristeza se hace pausa
y en su llanto me acompasa,
la alegría, sin ruido,
se desliza y me descansa.
La ansiedad roza mi pecho
como un eco que reclama,
y la ira, en su lenguaje,
pone límites… y resguarda.
El miedo vela en la sombra
lo que aún no se ha mirado,
y la duda abre caminos
donde nada está cerrado.
La soledad me recoge
cuando el mundo se apaga,
y el deseo enciende en mí
lo que busca ser palabra.
No hay ninguna que me sobre,
ni ninguna que me falte,
todas forman este pulso
que en lo humano se comparte.
Ya no lucho por callarlas,
ni pretendo gobernarlas,
las escucho… y en su paso
voy aprendiendo a habitarlas.
Y en ese ir y venir
de lo que nace y se marcha,
descubro que no soy ellas…
pero en todas me encontraba.