F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Romance del amor perdido
Dedicado a los padres que, en vez de
vigilar, se interponen y dirigen las
relaciones amorosas de sus hijas.
Ayer me hablaron de ti
creyendo que los recuerdos
no me dejaban vivir.
Y no saben que los sueños
poco a poco se evaporan
con el transcurso del tiempo.
Si grande fue nuestro amor
mayor ha sido el silencio
tras romper las ligaduras
que ataban los sentimientos.
Y ¿tiene alguien la culpa…?
¿quizás la culpa es del tiempo
que pasa siempre alocado
como ráfagas de viento?
Sé que tu madre quería
poner un muro por medio
entre tu casa y la mía
y entre mi amor y tus celos.
¡Malhaya quien se interpone
en los amores primeros,
esperando que sus hijas
(¡ay, malditos pensamientos!)
puedan casarse algún día
con algún rico heredero
aunque para ello nublen
el más puro de los sueños!
Debieran tener castigos
¡y acabar en los infiernos!
o0o
Pronto te buscaste el novio
ajustado a sus deseos
Y soñando con los lujos
¡los cambiaste por mis besos!,
Y la gloria perseguida
(¡ay, gloria, gloria de necios!)
es esa senda de vida
que se recorre en silencio
obedeciendo a los padres
que adoran solo al dinero.
Porque la gloria se alcanza
(y tú debieras saberlo
porque tuviste ocasión)
con un modesto «te quiero»
manando de un corazón
ardientemente sincero
Yo sufrí tu despedida
con el corazón deshecho
y te dije: ¡Ve con Dios!
¡sé feliz! ¡Y buen provecho!
Los caminos de la vida
a veces, los retorcemos
para arrastrar nuestros pasos;
en otras, los recorremos
(tal como hicimos nosotros
cuando dejamos de vernos)
tú, por la acera de enfrente,
yo… ¡por la calle de en medio!
porque a veces, lo sensato
sería buscar consuelo.
Sin embargo, es bien sabido
que las heridas del cuerpo
por muy bien que cicatricen
nos dejan siempre el recuerdo,
y las del alma también
permanecen en el tiempo,
aunque todos simulamos
que el dolor no es siempre eterno.
Y los días van pasando
y después pasan sucesos,
y tras los sucesos, años
y así… nos hacemos viejos
con ese lastre en el alma
y el olvido, más o menos.
Y en pura y noble rutina
todo se va consumiendo
con la cruel monotonía
de este pan para este queso
que nos mata poco a poco
que es como vamos muriendo.
Quizás un día te vea,
en brazos, con un pequeño
y tú me verás con otro…
llevándolos al colegio.
Y puede que tú lo pienses
igual como yo lo pienso:
que pudieran haber sido
tuyos, míos, ¡hijos nuestros!
Y es probable que otro día
tenga contigo un encuentro
y tras mirarte educado
puede que piense en silencio:
- ¡Qué guapa sigues mujer!
y me mostraré discreto..
Y puede que tú razones:
- ¡Parece que está más viejo!
Y la rueda de los días,
dará vueltas, sin consuelo.
Y como seguimos ambos,
en este mundo, viviendo
es muy probable que pase
lo que viene sucediendo
sin que nadie lo pretenda:
que en la calle nos crucemos.
Tú, cogida de la mano
de algún chiquillo travieso
y yo, corriendo en la acera,
jugando con un pequeño
con mis pasitos muy cortos
como queriendo cogerlo
y tú dirás: -No, no es él
y, yo, quizás sin resuello,
es muy probable que piense
o me intrigue: -¿Será un nieto?
Y continuará la vida
languideciendo en los cuerpos.
Y después de algunos años,
como todo se hace viejo,
con un bastón en la mano
los dos despacio andaremos.
Tú es probable que ya
ni te mires al espejo,
con lo coqueta que eras
atusando tus cabellos;
yo habré dejado, también,
de escribir mis pobres versos.
Y si, por casualidad,
tropezamos y nos vemos,
extrañada, mirarás
dudando si me estás viendo
y te dirás.: -¿Era él?
y yo, quizás, menos cuerdo,
distraído y sin querer
o, agotado en el esfuerzo,
continuaré hacia delante
ya sin tenerme derecho.
Y es natural que algún día
existirá ese momento
en el que se hable de todo
y se hablará de recuerdos,
y quizás sean los hijos
o puede que sean los nietos
los que se encuentren bailando
o en una «barra» bebiendo
y se cuenten las historias
(fantásticas, por supuesto),
de los amores que un día
tuvieron sus dos abuelos
sin saber, probablemente,
que nunca felices fueron...
pues consumieron sus vidas
por diferentes senderos…
Pero eso ¿a quién le importa
si puede que estemos muertos?
Dedicado a los padres que, en vez de
vigilar, se interponen y dirigen las
relaciones amorosas de sus hijas.
Ayer me hablaron de ti
creyendo que los recuerdos
no me dejaban vivir.
Y no saben que los sueños
poco a poco se evaporan
con el transcurso del tiempo.
Si grande fue nuestro amor
mayor ha sido el silencio
tras romper las ligaduras
que ataban los sentimientos.
Y ¿tiene alguien la culpa…?
¿quizás la culpa es del tiempo
que pasa siempre alocado
como ráfagas de viento?
Sé que tu madre quería
poner un muro por medio
entre tu casa y la mía
y entre mi amor y tus celos.
¡Malhaya quien se interpone
en los amores primeros,
esperando que sus hijas
(¡ay, malditos pensamientos!)
puedan casarse algún día
con algún rico heredero
aunque para ello nublen
el más puro de los sueños!
Debieran tener castigos
¡y acabar en los infiernos!
o0o
Pronto te buscaste el novio
ajustado a sus deseos
Y soñando con los lujos
¡los cambiaste por mis besos!,
Y la gloria perseguida
(¡ay, gloria, gloria de necios!)
es esa senda de vida
que se recorre en silencio
obedeciendo a los padres
que adoran solo al dinero.
Porque la gloria se alcanza
(y tú debieras saberlo
porque tuviste ocasión)
con un modesto «te quiero»
manando de un corazón
ardientemente sincero
Yo sufrí tu despedida
con el corazón deshecho
y te dije: ¡Ve con Dios!
¡sé feliz! ¡Y buen provecho!
Los caminos de la vida
a veces, los retorcemos
para arrastrar nuestros pasos;
en otras, los recorremos
(tal como hicimos nosotros
cuando dejamos de vernos)
tú, por la acera de enfrente,
yo… ¡por la calle de en medio!
porque a veces, lo sensato
sería buscar consuelo.
Sin embargo, es bien sabido
que las heridas del cuerpo
por muy bien que cicatricen
nos dejan siempre el recuerdo,
y las del alma también
permanecen en el tiempo,
aunque todos simulamos
que el dolor no es siempre eterno.
Y los días van pasando
y después pasan sucesos,
y tras los sucesos, años
y así… nos hacemos viejos
con ese lastre en el alma
y el olvido, más o menos.
Y en pura y noble rutina
todo se va consumiendo
con la cruel monotonía
de este pan para este queso
que nos mata poco a poco
que es como vamos muriendo.
Quizás un día te vea,
en brazos, con un pequeño
y tú me verás con otro…
llevándolos al colegio.
Y puede que tú lo pienses
igual como yo lo pienso:
que pudieran haber sido
tuyos, míos, ¡hijos nuestros!
Y es probable que otro día
tenga contigo un encuentro
y tras mirarte educado
puede que piense en silencio:
- ¡Qué guapa sigues mujer!
y me mostraré discreto..
Y puede que tú razones:
- ¡Parece que está más viejo!
Y la rueda de los días,
dará vueltas, sin consuelo.
Y como seguimos ambos,
en este mundo, viviendo
es muy probable que pase
lo que viene sucediendo
sin que nadie lo pretenda:
que en la calle nos crucemos.
Tú, cogida de la mano
de algún chiquillo travieso
y yo, corriendo en la acera,
jugando con un pequeño
con mis pasitos muy cortos
como queriendo cogerlo
y tú dirás: -No, no es él
y, yo, quizás sin resuello,
es muy probable que piense
o me intrigue: -¿Será un nieto?
Y continuará la vida
languideciendo en los cuerpos.
Y después de algunos años,
como todo se hace viejo,
con un bastón en la mano
los dos despacio andaremos.
Tú es probable que ya
ni te mires al espejo,
con lo coqueta que eras
atusando tus cabellos;
yo habré dejado, también,
de escribir mis pobres versos.
Y si, por casualidad,
tropezamos y nos vemos,
extrañada, mirarás
dudando si me estás viendo
y te dirás.: -¿Era él?
y yo, quizás, menos cuerdo,
distraído y sin querer
o, agotado en el esfuerzo,
continuaré hacia delante
ya sin tenerme derecho.
Y es natural que algún día
existirá ese momento
en el que se hable de todo
y se hablará de recuerdos,
y quizás sean los hijos
o puede que sean los nietos
los que se encuentren bailando
o en una «barra» bebiendo
y se cuenten las historias
(fantásticas, por supuesto),
de los amores que un día
tuvieron sus dos abuelos
sin saber, probablemente,
que nunca felices fueron...
pues consumieron sus vidas
por diferentes senderos…
Pero eso ¿a quién le importa
si puede que estemos muertos?
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