Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Usted disculpe, señora,
mas, por ahí, me enteré,
que en su boca trina un beso
sin que aún lo sepa usted:
por eso vengo a decirle
que yo perdí, cierta vez,
un gorrión que, no sé cómo,
o por conjuro de quién
se volvió cálido beso
y con la brisa se fue;
por tal razón pienso, ahora,
que buscando algún vergel
aquel gorrión hizo nido
en la boquita de usted.
Y cual honrada señora,
y cierto estoy que usted es,
hoy yo he venido a pedirle
que tenga a bien, su merced,
devolverme mi gorrión
que anhelando así beber
la humedad de su sonrisa,
de ella, quedó rehén;
pues ese inquieto gorrión
que de mi jaula se fue
a partir de ese momento
un ave dejó de ser
y se tornó sutil beso
que aún ignoro por qué
eligió, para su nido,
de sus labios, el clavel.
Para llevarme el gorrión
no puedo asirlo, lo sé,
porque en beso puro y suave
lo transformó alguna fe.
Intangible es a mis manos
mas, sin embargo, también,
si el gorrión se hizo aliento
con mi aliento...lo asiré.
Así que bella señora
de su hálito tomaré,
mi gorrión, en este instante,
con el permiso de usted.
mas, por ahí, me enteré,
que en su boca trina un beso
sin que aún lo sepa usted:
por eso vengo a decirle
que yo perdí, cierta vez,
un gorrión que, no sé cómo,
o por conjuro de quién
se volvió cálido beso
y con la brisa se fue;
por tal razón pienso, ahora,
que buscando algún vergel
aquel gorrión hizo nido
en la boquita de usted.
Y cual honrada señora,
y cierto estoy que usted es,
hoy yo he venido a pedirle
que tenga a bien, su merced,
devolverme mi gorrión
que anhelando así beber
la humedad de su sonrisa,
de ella, quedó rehén;
pues ese inquieto gorrión
que de mi jaula se fue
a partir de ese momento
un ave dejó de ser
y se tornó sutil beso
que aún ignoro por qué
eligió, para su nido,
de sus labios, el clavel.
Para llevarme el gorrión
no puedo asirlo, lo sé,
porque en beso puro y suave
lo transformó alguna fe.
Intangible es a mis manos
mas, sin embargo, también,
si el gorrión se hizo aliento
con mi aliento...lo asiré.
Así que bella señora
de su hálito tomaré,
mi gorrión, en este instante,
con el permiso de usted.
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