Velo rojo, rojas carnes
y el vientre como río,
la mañana tan tranquila
con aliento de rocío,
y el muerto, vuelto mar,
pintando de rojo brillo
al otoñal callejón,
dejando pájaro tinto
de sus palmas en los muros.
Beben del fruto partido
los ángeles carroñeros
de alas color diamantino;
dejan pútrida simiente
creando purulento nido.
El sol amamanta el fulgor
de sus ojos, tiernos niños
que aun vestidos de mayo
tendrán oscuro escondrijo.
Ya no esperará tus besos
el callejón del santito
ahora encerrará tu alma
pues te mató traidor filo,
la que busco antes tus besos
ahora te manda al olvido.
y el vientre como río,
la mañana tan tranquila
con aliento de rocío,
y el muerto, vuelto mar,
pintando de rojo brillo
al otoñal callejón,
dejando pájaro tinto
de sus palmas en los muros.
Beben del fruto partido
los ángeles carroñeros
de alas color diamantino;
dejan pútrida simiente
creando purulento nido.
El sol amamanta el fulgor
de sus ojos, tiernos niños
que aun vestidos de mayo
tendrán oscuro escondrijo.
Ya no esperará tus besos
el callejón del santito
ahora encerrará tu alma
pues te mató traidor filo,
la que busco antes tus besos
ahora te manda al olvido.