poetakabik
Poeta veterano en el portal
Era joven y era libre,
marinero de buen nombre,
y en sus manos el destino
le sonreía sin doblez.
Mas la envidia, oscura y fría,
trenzó sombras en su nombre,
y una carta mal sellada
lo arrojó a la oscuridad.
Fue llevado sin defensa
a un encierro sin respuesta,
donde el tiempo no se mide
ni la vida tiene voz.
En la piedra de su celda
se hizo eco su inocencia,
y en la noche de los días
fue muriendo sin morir.
Mas un hilo entre los muros
le llevó hasta otra presencia:
un anciano sabio y roto
que aún guardaba claridad.
Le enseñó ciencia y paciencia,
le mostró mapas y lenguas,
y el secreto de un tesoro
que aguardaba en libertad.
Y al morir aquel maestro,
en su saco fue su cuerpo
quien salió hacia las aguas
donde el mar lo devolvió.
Renació entre las espumas
con un nombre ya enterrado,
y en la isla de promesa
halló oro… y decisión.
Ya no era el mismo hombre,
ya no ardía en inocencia,
era mente calculada
y justicia en su razón.
Uno a uno fue tejiendo
la caída de los otros,
los que un día le robaron
su futuro y su verdad.
Mas al verlos derrumbarse
en su propia desventura,
comprendió que la venganza
no devuelve lo que fue.
Y en la cima de su historia,
cuando todo estaba hecho,
dejó atrás nombre y riqueza.
Porque el hombre que regresa
de la sombra y de la muerte,
ya no busca lo perdido…
solo aprende a perdonar.
marinero de buen nombre,
y en sus manos el destino
le sonreía sin doblez.
Mas la envidia, oscura y fría,
trenzó sombras en su nombre,
y una carta mal sellada
lo arrojó a la oscuridad.
Fue llevado sin defensa
a un encierro sin respuesta,
donde el tiempo no se mide
ni la vida tiene voz.
En la piedra de su celda
se hizo eco su inocencia,
y en la noche de los días
fue muriendo sin morir.
Mas un hilo entre los muros
le llevó hasta otra presencia:
un anciano sabio y roto
que aún guardaba claridad.
Le enseñó ciencia y paciencia,
le mostró mapas y lenguas,
y el secreto de un tesoro
que aguardaba en libertad.
Y al morir aquel maestro,
en su saco fue su cuerpo
quien salió hacia las aguas
donde el mar lo devolvió.
Renació entre las espumas
con un nombre ya enterrado,
y en la isla de promesa
halló oro… y decisión.
Ya no era el mismo hombre,
ya no ardía en inocencia,
era mente calculada
y justicia en su razón.
Uno a uno fue tejiendo
la caída de los otros,
los que un día le robaron
su futuro y su verdad.
Mas al verlos derrumbarse
en su propia desventura,
comprendió que la venganza
no devuelve lo que fue.
Y en la cima de su historia,
cuando todo estaba hecho,
dejó atrás nombre y riqueza.
Porque el hombre que regresa
de la sombra y de la muerte,
ya no busca lo perdido…
solo aprende a perdonar.