Halloran
Poeta asiduo al portal
[center:2d6f1fb0d8]ROMANCE DEL HUMO (QUE FUMO)
Sujeto la cajetilla,
se mueven raudos los dedos
y un cigarrillo que sale:
uno más y uno menos.
Me lo llevo hasta la boca
y acerco a él el fuego
que produzco azulado
con el gas de mi mechero.
Inspiro. Expiro. Humo
que sube ya hacia el cielo:
el cigarrillo consumo,
como decía el bolero.
(¿O era cuplé castizo?
La verdad, no lo recuerdo...
En todo caso, ahora fumo
sabroso tabaco negro).
Y hacia el cielo se va el humo:
niebla que sale de dentro,
parte visible del alma,
círculos casi sin centro,
sueños que se van marchando,
sueños que se van corriendo,
sueños que van hacia arriba
vestidos de un humo denso.
Sueños que son sobre ti
-de qué otro modo, mi vida-,
sobre la ausencia del cuerpo,
sobre la vida perdida,
sobre todo lo que fuimos
y que no somos ahora:
sueños, sueños, sueños, sueños...
que pesan como una losa.
Pero pesan muy ligeros,
subiendo a hacerse nubes
en ondas grises de humo
(quizá hoy tú también fumes
y se junten allá arriba
en humo los corazones...)
Sé que no eres fumadora,
pero quizá el mal de amores
te haya llevado a lo mismo
a que me lleva a mí ahora:
a fumar despacio, lento,
mientras la ausencia reposa.
Quizá no, claro, quién sabe...
yo no, no hoy, desde luego
por eso fumo despacio,
consumo tabaco y fuego:
porque no estás, te has ido,
te me fuiste, no te tengo,
me vas matando de ausencia
del calor que voy perdiendo.
Ver el humo me relaja,
con él, subiendo, me elevo
arriba, alto, muy alto...
y tan alto estoy, que quiero
caerme en caída libre
a tu vida hecha suelo
y en ella vivir mis días,
los días que ya no puedo
vivir sin ti a mi lado,
siempre ausente. Que no quiero
vivirme así mis días.
Que no quiero. Me da miedo.
Por eso fumo esta noche,
lleno de humo los pulmones,
echo nubes por la boca...
y llueve en dos corazones.[/center:2d6f1fb0d8]
Sujeto la cajetilla,
se mueven raudos los dedos
y un cigarrillo que sale:
uno más y uno menos.
Me lo llevo hasta la boca
y acerco a él el fuego
que produzco azulado
con el gas de mi mechero.
Inspiro. Expiro. Humo
que sube ya hacia el cielo:
el cigarrillo consumo,
como decía el bolero.
(¿O era cuplé castizo?
La verdad, no lo recuerdo...
En todo caso, ahora fumo
sabroso tabaco negro).
Y hacia el cielo se va el humo:
niebla que sale de dentro,
parte visible del alma,
círculos casi sin centro,
sueños que se van marchando,
sueños que se van corriendo,
sueños que van hacia arriba
vestidos de un humo denso.
Sueños que son sobre ti
-de qué otro modo, mi vida-,
sobre la ausencia del cuerpo,
sobre la vida perdida,
sobre todo lo que fuimos
y que no somos ahora:
sueños, sueños, sueños, sueños...
que pesan como una losa.
Pero pesan muy ligeros,
subiendo a hacerse nubes
en ondas grises de humo
(quizá hoy tú también fumes
y se junten allá arriba
en humo los corazones...)
Sé que no eres fumadora,
pero quizá el mal de amores
te haya llevado a lo mismo
a que me lleva a mí ahora:
a fumar despacio, lento,
mientras la ausencia reposa.
Quizá no, claro, quién sabe...
yo no, no hoy, desde luego
por eso fumo despacio,
consumo tabaco y fuego:
porque no estás, te has ido,
te me fuiste, no te tengo,
me vas matando de ausencia
del calor que voy perdiendo.
Ver el humo me relaja,
con él, subiendo, me elevo
arriba, alto, muy alto...
y tan alto estoy, que quiero
caerme en caída libre
a tu vida hecha suelo
y en ella vivir mis días,
los días que ya no puedo
vivir sin ti a mi lado,
siempre ausente. Que no quiero
vivirme así mis días.
Que no quiero. Me da miedo.
Por eso fumo esta noche,
lleno de humo los pulmones,
echo nubes por la boca...
y llueve en dos corazones.[/center:2d6f1fb0d8]