Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
Romance del Sol y la Luna
(Roxy Ancayay & Milo)
Embriágame, sol,
de tu pétalo de almíbar,
de tus sueños etéreos,
de esa sagrada resurrección de tu boca.
Amor, que versas tu música en silencio,
he de encontrarte en esta línea idealista,
dueña de mis anhelos más hondos.
Somos la sonrisa encandilada,
coronando el arco iris de nuestro ser.
Embriágame, sol,
de tu verbo celestial,
para amar tus ojos de lluvia
en la acuarela de mis días,
y ser la luna de tus noches
en el laurel de tu mejilla.
Amor, que nutres la inocencia con tu mirada,
he de poner un lucero tras tu espalda,
pues allí es donde el amanecer olvida,
allí es donde tu esperanza resucita.
Allí es donde pierdo los pasos
cuando camino hacia ti.
Embriágame, sol,
inquieta mi geografía desnuda
para hallarte en la minúscula inocencia del cielo.
Hoy a esta alma violeta no le queda más
que nacer del frenesí de tus latidos.
Amor, que cambias ceguera y pasión por horas de luna;
he de tatuar mi suspiro en tu frente.
Eras el cosmos detenido en mi puño,
tan grande, tan soñador,
tan frágil como el cristal.
Embriágame, sol,
del espiral de tu azucena
porque así han renacido los astros.
Sumerge este diciembre
en la primavera de mi piel,
donde el pálido deseo te nombra.
Amor, que lloras en paz sobre mi poesía,
he de encontrarte con el corazón en la mano,
y la pluma y el tintero olvidados,
porque bien haz de saber,
que dentro de esta impulsiva nostalgia,
nuestra alma es la que debe versarnos.
(Roxy Ancayay & Milo)
Embriágame, sol,
de tu pétalo de almíbar,
de tus sueños etéreos,
de esa sagrada resurrección de tu boca.
Amor, que versas tu música en silencio,
he de encontrarte en esta línea idealista,
dueña de mis anhelos más hondos.
Somos la sonrisa encandilada,
coronando el arco iris de nuestro ser.
Embriágame, sol,
de tu verbo celestial,
para amar tus ojos de lluvia
en la acuarela de mis días,
y ser la luna de tus noches
en el laurel de tu mejilla.
Amor, que nutres la inocencia con tu mirada,
he de poner un lucero tras tu espalda,
pues allí es donde el amanecer olvida,
allí es donde tu esperanza resucita.
Allí es donde pierdo los pasos
cuando camino hacia ti.
Embriágame, sol,
inquieta mi geografía desnuda
para hallarte en la minúscula inocencia del cielo.
Hoy a esta alma violeta no le queda más
que nacer del frenesí de tus latidos.
Amor, que cambias ceguera y pasión por horas de luna;
he de tatuar mi suspiro en tu frente.
Eras el cosmos detenido en mi puño,
tan grande, tan soñador,
tan frágil como el cristal.
Embriágame, sol,
del espiral de tu azucena
porque así han renacido los astros.
Sumerge este diciembre
en la primavera de mi piel,
donde el pálido deseo te nombra.
Amor, que lloras en paz sobre mi poesía,
he de encontrarte con el corazón en la mano,
y la pluma y el tintero olvidados,
porque bien haz de saber,
que dentro de esta impulsiva nostalgia,
nuestra alma es la que debe versarnos.
:: y...
::
:: y un poco adaptando sus palabras, -me entusiasma que te entusiasme-.