César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace apenas unos días se cumplieron 67 años del dictamen de la ONU que entregó a Israel las tierras de los palestinos y le entregó, además, el derecho de demostrar cuán facistas e inhumanos podían ser: el derecho de practicar un genocidio continuado contra el pueblo palestino.
La tristeza del cielo que se moja
con los ríos de sangre amanecida,
con el llanto que nace del dolor,
con el líquido vivo en las hendijas.
La tragedia de un pueblo condenado
en el nombre del odio y de la intriga;
condenado a sufrir cien mil infiernos
desde aviones que el cielo no derriba.
Falsedad disfrazada con billetes
la traición, el veneno, la perfidia.
La verdad refulgente que se oculta,
patrañas de un David todo mentiras.
El vacío de casas arrasadas
a escapar o a morir ellos te obligan.
El hogar con cemento rellenado,
la razón en espina convertida.
El combate, victoria que no llega;
la muchacha caída y siempre viva,
el muchacho empuñando el arma-piedra,
el viejo rezandero no se inclina.
La aceituna crecida en el olivo,
regada con la sangre incontenida.
La tarde, las sirenas, metralletas,
la raza que arrebata… ruin, maldita.
Los miles, los millones que se fueron,
en la tierra creciendo como espigas.
Las mujeres, los hombres, hoy se unen
por la causa, la patria Palestina
En un mundo miedoso y de arrogantes
cada paso pequeño cuesta vidas,
pero así se nos cobre en roja sangre
habrá feliz regreso a Palestina.
Que vuelvan a crecer los olivares
donde sembró David muerte y ortigas;
que regrese tu gente a sus quehaceres
¡Que viva para siempre Palestina!
¡Que viva la rebelde Palestina!
¡Que viva la infinita Palestina!
¡Digo: As-salaam alaikum, Palestina!
con los ríos de sangre amanecida,
con el llanto que nace del dolor,
con el líquido vivo en las hendijas.
La tragedia de un pueblo condenado
en el nombre del odio y de la intriga;
condenado a sufrir cien mil infiernos
desde aviones que el cielo no derriba.
Falsedad disfrazada con billetes
la traición, el veneno, la perfidia.
La verdad refulgente que se oculta,
patrañas de un David todo mentiras.
El vacío de casas arrasadas
a escapar o a morir ellos te obligan.
El hogar con cemento rellenado,
la razón en espina convertida.
El combate, victoria que no llega;
la muchacha caída y siempre viva,
el muchacho empuñando el arma-piedra,
el viejo rezandero no se inclina.
La aceituna crecida en el olivo,
regada con la sangre incontenida.
La tarde, las sirenas, metralletas,
la raza que arrebata… ruin, maldita.
Los miles, los millones que se fueron,
en la tierra creciendo como espigas.
Las mujeres, los hombres, hoy se unen
por la causa, la patria Palestina
En un mundo miedoso y de arrogantes
cada paso pequeño cuesta vidas,
pero así se nos cobre en roja sangre
habrá feliz regreso a Palestina.
Que vuelvan a crecer los olivares
donde sembró David muerte y ortigas;
que regrese tu gente a sus quehaceres
¡Que viva para siempre Palestina!
¡Que viva la rebelde Palestina!
¡Que viva la infinita Palestina!
¡Digo: As-salaam alaikum, Palestina!
Mayo rebelde, 2015. César Guevara
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