Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
La Musa ha vuelto,
trasnochada adormece tras los pesados velos,
mientras mi anemia sobrevive
bebiendo té de lluvia serenada.
La musa ha vuelto:
su soledad hiriente me sublima,
me vuelve polvo de éter
que se sirve del viento
para volverse bruma
de sombra vertical
que le apetece
Ella es la palidez mortuoria,
-ausente de colores-:
se presume belleza blanca, pura.
La pluma se desmaya entre los dedos
rasgando sin premura
la única palabra que
-sin verso-
reza mi entrega pura:
¡Mátame!
¡Degústame la sangre...
bébete mis heridas en un beso.!
La musa ha vuelto trasnochada,
a mi celda de preso
de su mortal lujuria.
En la frontera axial de los latidos
y el silencio que duerme
tras el fatal final de los excesos:
ella bebe mi sabia enrojecida;
yo pago con mi vida, por sus besos.
trasnochada adormece tras los pesados velos,
mientras mi anemia sobrevive
bebiendo té de lluvia serenada.
La musa ha vuelto:
su soledad hiriente me sublima,
me vuelve polvo de éter
que se sirve del viento
para volverse bruma
de sombra vertical
que le apetece
Ella es la palidez mortuoria,
-ausente de colores-:
se presume belleza blanca, pura.
La pluma se desmaya entre los dedos
rasgando sin premura
la única palabra que
-sin verso-
reza mi entrega pura:
¡Mátame!
¡Degústame la sangre...
bébete mis heridas en un beso.!
La musa ha vuelto trasnochada,
a mi celda de preso
de su mortal lujuria.
En la frontera axial de los latidos
y el silencio que duerme
tras el fatal final de los excesos:
ella bebe mi sabia enrojecida;
yo pago con mi vida, por sus besos.