descalzo torres
Poeta fiel al portal
Se han olvidado en dejar en tu puerta un bocado mío
por ello déjame erguida en tumultos de piélago,
no puedo beberte la vida por encargo de tus ensoñaciones
y se engancha el pánico en la tela de los volantes.
Se baten amenazadores barrotes sobre muros de espanto,
déjate en el pliego de una cuerda las sonrisas ciegas
y ahórcalas de una vez,
no dejes que yo las apriete primitivas,
que se te apaguen las orillas de mis candiles
aunque nunca estuvieron enfocadas
a perder la boca en un segundo sin ensordecer.
Ante mis barreras, ante todos,
el más revuelto es la noche endurecida
con el alarido de mi hiel descolorida.
Sentimientos abruptos goteando en las manos de un tipo
y otro viene a recoger lo que dejó de retales
tengo mirada exánime y una sonrisa que se empalma
con el pacto de negrura de un paisaje deambulado.
No importa el engaño si se queda junto a su acera
descansando mientras yo le miro de reojo y decido marcharme,
no importa nadie más porque no consigo querer
sin recordar los añicos de tela que se comieron la tierra.
Pero sí la ira que recompone cada estela de pared
y me hace verle de nuevo con otra cara,
con otros olfatos y con otro rencor
ávidos dientes sin tiempo todavía para amar.
Es una lucha entre la exasperante estación
donde quieren llegar sus océanos candentes
con la chispa vengativa de aquellos placeres,
donde su fulgor puede destruir sus ganas de quererme.
por ello déjame erguida en tumultos de piélago,
no puedo beberte la vida por encargo de tus ensoñaciones
y se engancha el pánico en la tela de los volantes.
Se baten amenazadores barrotes sobre muros de espanto,
déjate en el pliego de una cuerda las sonrisas ciegas
y ahórcalas de una vez,
no dejes que yo las apriete primitivas,
que se te apaguen las orillas de mis candiles
aunque nunca estuvieron enfocadas
a perder la boca en un segundo sin ensordecer.
Ante mis barreras, ante todos,
el más revuelto es la noche endurecida
con el alarido de mi hiel descolorida.
Sentimientos abruptos goteando en las manos de un tipo
y otro viene a recoger lo que dejó de retales
tengo mirada exánime y una sonrisa que se empalma
con el pacto de negrura de un paisaje deambulado.
No importa el engaño si se queda junto a su acera
descansando mientras yo le miro de reojo y decido marcharme,
no importa nadie más porque no consigo querer
sin recordar los añicos de tela que se comieron la tierra.
Pero sí la ira que recompone cada estela de pared
y me hace verle de nuevo con otra cara,
con otros olfatos y con otro rencor
ávidos dientes sin tiempo todavía para amar.
Es una lucha entre la exasperante estación
donde quieren llegar sus océanos candentes
con la chispa vengativa de aquellos placeres,
donde su fulgor puede destruir sus ganas de quererme.