legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Volví a tus calles un día,
cuando ya un tanto mayor,
a recordar dulces jorgas
de risa, bohemia y son.
Yo que un día me fui lejos
(aún joven, mocetón)
a retozar por el mundo
con pletórica efusión.
Anduve por todo lado
hurgando donde posar,
buscando seno tras seno
ese reposo total.
Y me agarraron las horas
haciéndose tarde ya,
como raya en el ocaso
el día cuando se va;
yo que justo te recuerdo,
y allí prorrumpí a llorar.
Lloré cual niño perdido
recordando aquel ayer,
cuando volaba cometas
liadas con débil cordel;
o jugaba con los trompos
y a las canicas también,
o apostaba a la pelota
con billetes de papel.
Y me introduje en tus calles
a buscar lo retozón,
que allí se quedó extraviado
aquellos días de sol;
días de sano bureo,
propicios para el amor.
Y encontré pasos resecos
como queriendo borrar,
las hondas huellas marcadas
muchísimo tiempo ha.
Petrificados recuerdos
a punto de sucumbir,
fatigados corazones
ya cansados de latir;
sienes vestidas de plata,
sabiduría sinfín
de mis queridos maestros,
en la ignorancia, candil.
Ya no están esos amigos
los de la jorga mayor,
de bohemia y serenata,
los de bochinche y trompón;
me contaron que un buen día
volvieron igual que yo,
a recoger esos pasos
rasgándose el corazón,
y se marcharon sin rumbo,
algunos al exterior.
Tampoco está la muchacha
que aquellos tiempos me amó,
dicen que se fue muy lejos
y por allá se casó.
Caminé por tus entornos
de buganvilla y laurel,
de tamarindos y ceibos
pugnando por florecer;
y esos verdes arrozales
que me inspiraron ayer,
lucían doradas brozas
dejando a punto la mies.
Como cambiaron tus calles
tus parques, tu catedral;
esos arrabales parcos
que acostumbraba rondar;
todo luce más florido,
más soberbio, más bacán;
se trocó el pueblito austero
en rumorosa ciudad.
Volví a tus calles un día
con frenética ilusión,
a revivir los recuerdos
de ese, mi tiempo mejor.
cuando ya un tanto mayor,
a recordar dulces jorgas
de risa, bohemia y son.
Yo que un día me fui lejos
(aún joven, mocetón)
a retozar por el mundo
con pletórica efusión.
Anduve por todo lado
hurgando donde posar,
buscando seno tras seno
ese reposo total.
Y me agarraron las horas
haciéndose tarde ya,
como raya en el ocaso
el día cuando se va;
yo que justo te recuerdo,
y allí prorrumpí a llorar.
Lloré cual niño perdido
recordando aquel ayer,
cuando volaba cometas
liadas con débil cordel;
o jugaba con los trompos
y a las canicas también,
o apostaba a la pelota
con billetes de papel.
Y me introduje en tus calles
a buscar lo retozón,
que allí se quedó extraviado
aquellos días de sol;
días de sano bureo,
propicios para el amor.
Y encontré pasos resecos
como queriendo borrar,
las hondas huellas marcadas
muchísimo tiempo ha.
Petrificados recuerdos
a punto de sucumbir,
fatigados corazones
ya cansados de latir;
sienes vestidas de plata,
sabiduría sinfín
de mis queridos maestros,
en la ignorancia, candil.
Ya no están esos amigos
los de la jorga mayor,
de bohemia y serenata,
los de bochinche y trompón;
me contaron que un buen día
volvieron igual que yo,
a recoger esos pasos
rasgándose el corazón,
y se marcharon sin rumbo,
algunos al exterior.
Tampoco está la muchacha
que aquellos tiempos me amó,
dicen que se fue muy lejos
y por allá se casó.
Caminé por tus entornos
de buganvilla y laurel,
de tamarindos y ceibos
pugnando por florecer;
y esos verdes arrozales
que me inspiraron ayer,
lucían doradas brozas
dejando a punto la mies.
Como cambiaron tus calles
tus parques, tu catedral;
esos arrabales parcos
que acostumbraba rondar;
todo luce más florido,
más soberbio, más bacán;
se trocó el pueblito austero
en rumorosa ciudad.
Volví a tus calles un día
con frenética ilusión,
a revivir los recuerdos
de ese, mi tiempo mejor.
Última edición: