Simón Díaz
Poeta recién llegado
Al borde del abismo puedo sentir aun tus besos acariciando mi rostro suavemente. El frío invade mi interior y siento como el aire se mezcla con mi carne.
La sangre palpita acelerada y clama por ver la luz, a costa de mi dolor.
Somos gotas de rocío infestado de misericordia inmunda y patética.
El patíbulo me ha perseguido toda la tarde y ahora estoy aquí, llamándote. Pero tu no me escuchas, ¡ya no oyes mi voz!
El infierno resulta lejano aún. A solo un paso maldita pesadilla. Solo un instante me separa de tu alma, solo un verso ahuyenta la derrota en que el destino atormentó todo mi ser en tu ausencia, causando esta insufrible agonía.
-¿Qué será del padre que bailó ebrio sobre la tumba de mi madre?
-¿Qué será del que sería hijo y se durmió, arrullado por las pastillas, el humo y el alcohol?
-Dime, ¿cuántos triunfos visten el porvenir nublado que hoy se muestra ante mis ojos?
-¿Cuántos segundos de caída
serán suficientes para volver a sentir tu calor infernal?
¡Oh pequeña alma condenada por el pecado! ¿Dónde empieza el amor y termina el odio? Dime dónde encuentro una nueva aurora sin manchas de sangre. Confiesa la morada de la felicidad fuera del tiempo...
...O solo déjame morir esta noche, abrazado por la brisa y el doloroso silencio.
La sangre palpita acelerada y clama por ver la luz, a costa de mi dolor.
Somos gotas de rocío infestado de misericordia inmunda y patética.
El patíbulo me ha perseguido toda la tarde y ahora estoy aquí, llamándote. Pero tu no me escuchas, ¡ya no oyes mi voz!
El infierno resulta lejano aún. A solo un paso maldita pesadilla. Solo un instante me separa de tu alma, solo un verso ahuyenta la derrota en que el destino atormentó todo mi ser en tu ausencia, causando esta insufrible agonía.
-¿Qué será del padre que bailó ebrio sobre la tumba de mi madre?
-¿Qué será del que sería hijo y se durmió, arrullado por las pastillas, el humo y el alcohol?
-Dime, ¿cuántos triunfos visten el porvenir nublado que hoy se muestra ante mis ojos?
-¿Cuántos segundos de caída
serán suficientes para volver a sentir tu calor infernal?
¡Oh pequeña alma condenada por el pecado! ¿Dónde empieza el amor y termina el odio? Dime dónde encuentro una nueva aurora sin manchas de sangre. Confiesa la morada de la felicidad fuera del tiempo...
...O solo déjame morir esta noche, abrazado por la brisa y el doloroso silencio.
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