Romántico - Entremezcla de una atmósfera lúgubre y tétrica con un final inesperado y divertido

Botón de Apagado 4233

El botón de apagado
ROMÁNTICO​


Al crepúsculo, cuando no brota ya sonido alguno del campanario, yo pongo toda mi pasión en escuchar, con los labios callados bajo las mantas, ferviente de los folios ambarinos, el estremecedor descenso que me brindan Lovecraft, Chambers y Rhodes James. ¡Cómo huyen los minutos, efímeros! Yo yo aquí, como un goloso.

De repente, oigo un chasquido desde más allá de la puerta. ¿Qué será? El corazón excitado y violento, casi puedo palpar entre los dedos un candil de esos antiguos, que en realidad no es más que la aciaga luz de mi teléfono móvil. Durante unos instantes, ¿soy acaso un feliz espectro del jóven John Pool en la actualidad? ¿Es que abriré la puerta, y más que desencanto, hallaré a un palmo el rostro aturdido y el cuerpo levitante y polvoriento de la anciana Wilkins, ras de lustros y siglos buscando desesperada la fortuna que le arrebataron del sepulcro?

Y si no, ¿tal vez me reclama un alma emergida del Pantano de la Luna, que quiere que la acompañe al ocaso ardiente en zapatillas de andar por casa? Ha venido enviada por los Grandes Antiguos, Cthulhu!, por el Rey de Amarillo u otras entidades macabras. Ellos aguardan, quietos en las tinieblas, mi llegada bajo la metzli atezada y menguante. Acaso, me dice una parte de mí que suspira por los escogidos versos del maestro Allan Poe, «será un ángel malvado, morador de una triste senda, de los que aúllan melancólicos a los astros remotos, porque un eidolon llamado Noche les prohibió levantar los párpados».

¡No puedo contenerme de entusiasmo! Dime tú, tú que guiaste al sapo y al tritón hasta lagos mudos de misterios sumergidos, y guiaste al incauto que abrió un portal hacia el mundo del sueño, al infausto lunático que jamás recordó su nombre, y al eterno marino condenado a un millar de viajes y a jamás atracar, más que en el puerto sin retorno... dime que hoy todo cambiará.

Abro la puerta, y se ahoga de nuevo mi maravilla ilusoria, como una gramola rota que gira lentamente y al revés... Es la perra, que me pide que la saque al jardín.

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