Hallo una casita hermosa
armando un rompecabezas,
rodeada por el bosque,
no encuentro su chimenea.
Algo se parece a un faro,
intento con esa pieza:
cuando esta calza en su sitio
la casa se vuelve piedra
y el bosque resulta en olas
con que un navío pelea.
Busco entonces del navío
el mástil con su bandera,
no lo encuentro pero hallo
una cruz con su tristeza:
de mástil sobre una lápida
muy bien ubicada queda.
Las olas son muchas tumbas
y ahora el faro es iglesia,
el navío es mi cadáver
que ya naufraga en la tierra.
Trato entonces de encontrar
mi nombre en alguna pieza
para dejarlo de marca
donde yo desaparezca;
unas letritas encuentro
pero mi nombre no albergan
y al ponerlas en su sitio
solo completan mi ausencia.
¡Que son los goces efímeros
y la muerte duradera!,
es poco lo que dejamos
en este rompecabezas.
Del mundo de las pasiones
no hay nada que se sostenga:
lo que fue hogar, es hoy risco,
lo que fue un nombre, es arena.
Es un poema estupendo. Desde lo que deja como mensaje, hasta lo que revuelve en los cajones de la mente.
Con una musicalidad y estética bien definida... Creo que si el oído, los ojos y el corazón quedan contentos con
una obra, lo demás es insignificante.
Me gustó mucho!
¿Qué reglas? ¿Las de Benot? ¿Las de Eduardo de la Barra, el chileno? ¿Las del manual de fonética de la RAE (ni menciona el caso)? ¿O las de Shakespeare, cuyos endecasílabos se destacan por escapar a las reglas que los discípulos de Chomsky tratan de imponerles? Creo que olvidas que soy matemático, sé muy bien qué son reglas y qué no lo son.
saludo, JR
JR
PS. Aclaro que en mi referencia a Eduardo de la Barra NO menciono al usuario de este sitio con ese nombre; se trata del filólogo chileno del mismo nombre, ilustre discípulo de Andrés Bello en el Chile del siglo XIX. Por eso aclaré «el chileno».
PS2. La respuesta a este comentario contiene referencias soeces a otros usuarios y ex usuarios, lo que me llevó a incorporar al autor a mi lista de ignorados.
Jorge Rodolfo Busch Wernicke
Por otro lado, estoy más que de acuerdo con esta respuesta que diste, a algo muy común aquí, y a su vez retrógrada,
pues sólo aquí el lector se ocupa de contar sílabas más que leer el poema... Aún sin tener todo el conocimiento necesario.
Por otro lado, es muy cierto lo que expresas... Hay reglas en la lírica clásica, pero ninguna es absoluta.
A veces, hay que romper alguna regla de un precursor, pues así se evoluciona y se otorga nuevas herramientas y/o opciones. Es algo necesario que quienes poseían la capacidad lo hicieron, y se puede seguir haciendo...
Si no, no hubiésemos avanzado en tantos aspectos, no sólo en el arte.
Creo que una buena respuesta como esta es necesario, no hace falta más. Tampoco enemistades.
Siempre pienso que una vez que se dio un buen argumento, hay que olvidar.
Pues cuando uno sabe que sabe de lo que habla, a larga o la corta, el otro comprenderá por si solo.
Y lo que importa es que comprenda, no convencerlo.
Saludos