Mil palabras
Sin apeadero
En el tejé de toa la pringue de la grasa de mi pelo
Que suda
Y no piensa
Y apesta de cerca
Y tumba los nervios
Del que lo maneja.
Albertucho.
Sin apeadero
En el tejé de toa la pringue de la grasa de mi pelo
Que suda
Y no piensa
Y apesta de cerca
Y tumba los nervios
Del que lo maneja.
Albertucho.
Recuerdas esa extraña sensación,
Esa que te recorre todo el cuerpo,
De arriba a abajo
El pequeño escalofrió,
Que te eriza el vello
Que te hace sentir
Como si activaran con un solo acorde,
Todo un ejército de diminutas hormigas,
Que arrancan a andar en ese preciso instante.
Bajo la piel.
Aquello que te recuerda,
Que cuando todos se van,
Solo quedáis tú y ella,
Unidos para siempre,
En la misma materia,
La única que te comprende,
Y siempre lo hará
Esa que de tu lado
Nuca se ausenta,
Siendo a la palabra,
Al mejor uso que le pudo ser dado,
En este mundo
Loco y demente.
Poco mas y en resumidas cuentas,
Roña que alimenta a las moscas.