Rosa Luz
Duerme, y no le pidas a tus ojos que se abran
al sentir como pistilos la resaca del sol,
que hurga como un canalla sin contemplación,
en busca de tus ojos inolvidables.
No le pidas a tu cuerpo toda la verdad,
porque te puede responder como le trates,
como si fuera una mano nocturna
que levanta reses sin distingo
y luego les pide carne marmolada.
No despiertes, permanece flotando
en un ramaje de seda,
en la inentendible inacción del viento,
que no les ve a esos hombres
ni mucho menos su soplar entiende.
Quédate en esta estrofa meliflua
con esas palabras que recuerdo,
y ni que decir de los besos
que hasta hoy, los llevo prendidos a mis labios.
Eres así, una exquisitez natural
que pocas veces nace en un jardín alelado,
con esa hermosura continua,
parpadeante al nacer de tus flores
que se abren junto a aquellos hombres que te amamos.
.
Última edición: