Adrián González Diez
Poeta recién llegado
La blusa vuela
inquietando a la llama de la chimenea.
Un saludo sin permiso.
Un collar de belleza.
Un anillo...
de libertad.
Los labios
se despiertan
ante el aroma de las rosas.
Y posas,
como la musa del pintor
que nunca comenzó su lienzo...
su obra maestra.
Ansió esbozar una silueta
y ella le acarició el pecho
con sus ojos perfectos.
El piano
derrama los últimos acordes
sobre la alfombra roja.
El pétalo se detiene en su caída,
atrayéndonos con pasión.
Su voz acelera el tiempo
y difuminará el espacio;
despacio...
Un susurro
me llevará hasta estas líneas
que se tornan laberinto.
Fuego e instinto.
Juego y vino tinto...
Trampa
sin destino.
inquietando a la llama de la chimenea.
Un saludo sin permiso.
Un collar de belleza.
Un anillo...
de libertad.
Los labios
se despiertan
ante el aroma de las rosas.
Y posas,
como la musa del pintor
que nunca comenzó su lienzo...
su obra maestra.
Ansió esbozar una silueta
y ella le acarició el pecho
con sus ojos perfectos.
El piano
derrama los últimos acordes
sobre la alfombra roja.
El pétalo se detiene en su caída,
atrayéndonos con pasión.
Su voz acelera el tiempo
y difuminará el espacio;
despacio...
Un susurro
me llevará hasta estas líneas
que se tornan laberinto.
Fuego e instinto.
Juego y vino tinto...
Trampa
sin destino.
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