ROSAS PARA MOSSEN AUSIÀS (Por las rosas brotadas de extrañas cenizas de amor)

Gustavo Soppelsa

Poeta recién llegado
¿Qué será de la ermita?
¿Qué parte de la rosa,
entre las rosas,
habrá tomado
el color de la ceniza?
¿Cuál de los pétalos,
entre cien,
tendrá la sangre de Olga
por savia?
¿En qué espina
del manojo
está Ausiàs March
desgarrando el tiempo
de esa Olga a quien
alguien
otorgó como promesa en rosas?
¿Fuiste tú, bizarro Ausiàs,
con el bastón feudal altivo,
quien asestó aquel golpe
al dueño
de las llaves?
¿Tú el guardián avaro
de la piedad de las rosas
de ese jardín,
con las cenizas de su ayer?
¿Fuisteis vos, Mossen Ausiàs,
el que vedó a las rosas,
empapadas en miel y tinta,
el yacer por promesas?
Yo sé que tú Ausiàs,
espejo extraño de pasión,
que arrasaste aquesta terra
con la desolación
de tus aullidos a ese amor
que jamás da en ser amor,
acunaste las rosas
para ella.
No quisiste, blasfemo,
como en tu verso,
que al dios fuera entregado
lo que es amor.
Arde la llama, Ausiàs,
que quema tu locura
de herejía e impiedad.
Arde más allá
de tu señorío y tus oficios,
de capitán y juez,
lejos del mar de tus vientos,
de tus velas.
¿Por qué me clamaste
por sus labios
veles e vents han mos desigs complir?
Arden contigo
tus rosas, violento Pere March.
Yo inflamado con ellas.
 

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