Roto

Edwin A. Gómez

Poeta recién llegado
Era una fresca tarde de octubre. El sol empezaba a ponerse con un mágico telón multicolor de fondo. Llegó a una farmacia conocida desde hacía mucho.

—Buenas tardes, ¿qué se le ofrece? —preguntó amablemente el tendero.

—Muy buenas tardes. Fíjese que estoy roto, ¿qué me recomienda?

—¿Roto? —indagó con sospecha—. Pues, yo le veo bien.

—Verá, hace ocho meses conocí a la mujer más hermosa que mis ojos han visto. Irremediablemente, me enamoré de ella. Luego de bañarla con sonetos y palabras cargadas de amor, accedió a mi cortejo. Previo a nuestra primera cita, compré aquí unos dulces de menta para cuidar mi aliento, porque como lo supuse, aquella noche, la luna fue testigo de nuestro beso inaugural. Sin embargo, ayer me rompió el corazón sin piedad.

—En verdad no sé cómo ayudarle —respondió el vendedor.

—Deme entonces unos dulces de menta. Ya casi llega mi cita de hoy.
 
Última edición:
Lo mejor será que te dejes el corazón en casa. Igual ve un tipo duro en ti, jeje.
Saludos, Juan.

¡Ja ja! Pues si no me ayuda, amable tendero, con mi pena de amor del pasado, cuando menos hágalo con la próxima... Gracias por detenerte en mis líneas, @titiritero. Seguiré el consejo que me diste en otro mensaje, y espero contar con tu lectura y comentarios a futuros micros. Feliz viernes, amigo.
 
Era una fresca tarde de octubre. El sol empezaba a ponerse con un mágico telón multicolor de fondo. Llegó a una farmacia conocida desde hacía mucho.

—Buenas tardes, ¿qué se le ofrece? —preguntó amablemente el tendero.

—Muy buenas tardes. Fíjese que estoy roto, ¿qué me recomienda?

—¿Roto? —indagó con sospecha—. Pues, yo le veo bien.

—Verá, hace ocho meses conocí a la mujer más hermosa que mis ojos han visto. Irremediablemente, me enamoré de ella. Luego de bañarla con sonetos y palabras cargadas de amor, accedió a mi cortejo. Previo a nuestra primera cita, compré aquí unos dulces de menta para cuidar mi aliento, porque como lo supuse, aquella noche, la luna fue testigo de nuestro beso inaugural. Sin embargo, ayer me rompió el corazón sin piedad.

—En verdad no sé cómo ayudarle —respondió el vendedor.

—Deme entonces unos dulces de menta. Ya casi llega mi cita de hoy.

Si continúa rompiendo el corazón... Fue grato leerte amigo. Un saludo.
 
Era una fresca tarde de octubre. El sol empezaba a ponerse con un mágico telón multicolor de fondo. Llegó a una farmacia conocida desde hacía mucho.

—Buenas tardes, ¿qué se le ofrece? —preguntó amablemente el tendero.

—Muy buenas tardes. Fíjese que estoy roto, ¿qué me recomienda?

—¿Roto? —indagó con sospecha—. Pues, yo le veo bien.

—Verá, hace ocho meses conocí a la mujer más hermosa que mis ojos han visto. Irremediablemente, me enamoré de ella. Luego de bañarla con sonetos y palabras cargadas de amor, accedió a mi cortejo. Previo a nuestra primera cita, compré aquí unos dulces de menta para cuidar mi aliento, porque como lo supuse, aquella noche, la luna fue testigo de nuestro beso inaugural. Sin embargo, ayer me rompió el corazón sin piedad.

—En verdad no sé cómo ayudarle —respondió el vendedor.

—Deme entonces unos dulces de menta. Ya casi llega mi cita de hoy.

Las soluciones de los amores no comprendidos son dificiles de curar.
herida abierta..., queda ese final sencillo de inclinarse a la menta,
ella es cura de cargas y un cortejo para analizar los espacios mas
intimos. bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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