sebas g
Poeta recién llegado
Rotura escarlata, esta que sufre mi alma cada vez que te ve marchar.
Mudas de piel como yo de pensamientos; de casa, de cama, de manos.
No hay raciocinio que evidencie este amor que a veces siento por ti,
sólo esterillas ancladas a la tierra de esta playa desértica sin mar
y sin palmeras; sin brisa ni aliento.
Una vez más creo encontrarte entre la lujuria de las calles;
y sigo tu eterna silueta hasta que incomprensiblemente, desaparece.
Para volver a aparecer minutos atrás; cuando te seguía.
Para recordarme que este acto sólo es uno más; pero como todos los otros;
pone de manifiesto la importancia de la decisión oportuna, consiguiendo
fortuna o ruina; dejadez o perseverancia.
Aún así me dejo llevar, pues sé que es la única forma de volverte a ver.
Y te veo, de nuevo sé que tus pies van tras los míos; o sobre ellos,
si el frío pregunta por mí.
Te veo vestida de oro, tu pelo suelto saluda con desdén
a mi pusilánime tristeza.
Te encuentro rodeada de hombres que satisfacen todos tus deseos.
También puedo contemplarte taciturna,
a la espera de las rosas que nunca te envié.
Sola; te gustaba estar sola. Te gustaba cuidarme y romper mis esquemas,
endulzar mi vida para después devorarla. Y escupirla sobre las llamas
de este fuego que no consigo apagar.
Eres la voz del viento; la sonrisa del verano;
la locura del viejo que nunca envejeció.
Tienes el crepúsculo en los ojos; el tacto del ciego;
la estrella que una vez descubrí y mía hice.
Todo está en ti. Menos yo.
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