Lóbrego sueño que se equipara a la muerte,
dolor austero que vela mis sueños,
llévame lejos, con tal suerte
que mis ojos no vean más destierros.
Sentimientos olvidados, dolor profundo,
hondos sueños sumergidos en barro,
bondad olvidada en cruel mundo
que lleno está de carácter bizarro.
Lágrimas muertas enjugan un rostro
mientras que la sangre empapa tu boca,
no para de gritar: ¡Monstruo, monstruo!
mientras que se mancha de líquido tu ropa.
¡No me temáis más!, gritas incoherente,
mientras el dolor se sumerge en tu ser,
la soledad, no lo niegues, es tu suerte,
tanto como para la princesa un dosel.
¿Exiliado? No, nocturno tal,
el que olvida los rostros del morir,
el que ha renunciado al privilegio mortal
por ver lo que a la humanidad le aguarda el porvenir.
Así pues, no lloréis más en tu existencia,
ridículo ser, vos lo has querido.
Deseasteis ser lo que clamas penitencia,
si vos sufrís, es por que lo has pedido.
No vengas con tu sangre redentora,
no me mires con tus ojos de silencio,
no tengo ninguna palabra alentadora,
no tengo si quiera una creencia.
No niego tu dolor ante mí ser,
no niego si quiera que te ame,
no niego que me cuesta creer
que amargas son las lágrimas de tu llanto.
Sólo sé que me he entregado a ti,
en esta noche de flores ya marchitas;
sólo sé que deseo tu amargura en mí,
que me ames en eternidades fugitivas.
dolor austero que vela mis sueños,
llévame lejos, con tal suerte
que mis ojos no vean más destierros.
Sentimientos olvidados, dolor profundo,
hondos sueños sumergidos en barro,
bondad olvidada en cruel mundo
que lleno está de carácter bizarro.
Lágrimas muertas enjugan un rostro
mientras que la sangre empapa tu boca,
no para de gritar: ¡Monstruo, monstruo!
mientras que se mancha de líquido tu ropa.
¡No me temáis más!, gritas incoherente,
mientras el dolor se sumerge en tu ser,
la soledad, no lo niegues, es tu suerte,
tanto como para la princesa un dosel.
¿Exiliado? No, nocturno tal,
el que olvida los rostros del morir,
el que ha renunciado al privilegio mortal
por ver lo que a la humanidad le aguarda el porvenir.
Así pues, no lloréis más en tu existencia,
ridículo ser, vos lo has querido.
Deseasteis ser lo que clamas penitencia,
si vos sufrís, es por que lo has pedido.
No vengas con tu sangre redentora,
no me mires con tus ojos de silencio,
no tengo ninguna palabra alentadora,
no tengo si quiera una creencia.
No niego tu dolor ante mí ser,
no niego si quiera que te ame,
no niego que me cuesta creer
que amargas son las lágrimas de tu llanto.
Sólo sé que me he entregado a ti,
en esta noche de flores ya marchitas;
sólo sé que deseo tu amargura en mí,
que me ames en eternidades fugitivas.