Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
RUEGO LIBERTARIO
¡Oh Libertad sempiterna!, ¡Oh viajera madre!
Ven ésta noche a quedarte en nuestra tienda.
Tenderemos para ti edredones de seda,
habrás de envolverte entre las pieles de búfalos indómitos
saciarás tu hambre con el manjar de la cosecha:
nuestra caza de cernícalos esquivos.
Ven a quedarte aniquilando los temores.
Incuba tu fuerza en nuestra gravidez de barro
Recubre la desnudez de nuestros nervios
yertos ya por tanto nomadismo
recorriendo las estepas del hombre equivocado.
Descansa tu peto y tu coraza aunque no los necesitas.
Déjate perfumar los cabellos con bálsamos de Arabia.
¡Qué nadie profane los senderos que tus pies han trasegado
Ni tu rostro que erige rebeldes
dos diademas de ágata y jaspe!
Danos tus armas te rogamos
la esfera prometida.
Deseamos descansar en tu heredad sin lucro;
en esa laxitud de nubes que eleva nuestros cánticos
para que jamás vengue tu sangre
lo inocente que no hemos sido.
Danos a libar de tu ánfora de néctares.
Enséñanos a degustar la paz posible en tus aljabas;
sin armas adiéstranos para continuar la sórdida lucha
contra el Hombre que somos y el que fuimos,
contra el que nos gustaría ser así fuese semejante
a su sombra errátil de utopía y pacifismo.
¡Ven a liberarnos, Oh maestra!
Cansados estamos ya de tantas prisiones y cadenas
de tanto exilio baldío
tanto alejamiento del terruño,
somos los desplazados por la esclavitud
de unas manos enardecidas
que no bien trabajan por un pan malcriado
por un interés escindido hasta los dientes .
Ven a revertir todo aquello que osamos llamar Justicia y Equidad,
cuando proclamamos paz y sólo es vicio infértil
cuando alardeamos seguridad y sólo es estiércol resentido.
Ven a librarnos de nosotros mismos
de nuestro ser
tramposo y mezquino.
¡Oh última trabazón en la tarde que terminas
eres refrigerio para nuestros labios agostados!.
Ven, ven a amansar nuestro espíritu de bestias
a domesticar nuestro salvajismo venerado.
Somos la especie que aunque se jura liberta
sigue siendo esclava de sí misma.
¡Oh Libertad sempiterna!, ¡Oh viajera madre!
Ven ésta noche a quedarte en nuestra tienda.
Tenderemos para ti edredones de seda,
habrás de envolverte entre las pieles de búfalos indómitos
saciarás tu hambre con el manjar de la cosecha:
nuestra caza de cernícalos esquivos.
Ven a quedarte aniquilando los temores.
Incuba tu fuerza en nuestra gravidez de barro
Recubre la desnudez de nuestros nervios
yertos ya por tanto nomadismo
recorriendo las estepas del hombre equivocado.
Descansa tu peto y tu coraza aunque no los necesitas.
Déjate perfumar los cabellos con bálsamos de Arabia.
¡Qué nadie profane los senderos que tus pies han trasegado
Ni tu rostro que erige rebeldes
dos diademas de ágata y jaspe!
Danos tus armas te rogamos
la esfera prometida.
Deseamos descansar en tu heredad sin lucro;
en esa laxitud de nubes que eleva nuestros cánticos
para que jamás vengue tu sangre
lo inocente que no hemos sido.
Danos a libar de tu ánfora de néctares.
Enséñanos a degustar la paz posible en tus aljabas;
sin armas adiéstranos para continuar la sórdida lucha
contra el Hombre que somos y el que fuimos,
contra el que nos gustaría ser así fuese semejante
a su sombra errátil de utopía y pacifismo.
¡Ven a liberarnos, Oh maestra!
Cansados estamos ya de tantas prisiones y cadenas
de tanto exilio baldío
tanto alejamiento del terruño,
somos los desplazados por la esclavitud
de unas manos enardecidas
que no bien trabajan por un pan malcriado
por un interés escindido hasta los dientes .
Ven a revertir todo aquello que osamos llamar Justicia y Equidad,
cuando proclamamos paz y sólo es vicio infértil
cuando alardeamos seguridad y sólo es estiércol resentido.
Ven a librarnos de nosotros mismos
de nuestro ser
tramposo y mezquino.
¡Oh última trabazón en la tarde que terminas
eres refrigerio para nuestros labios agostados!.
Ven, ven a amansar nuestro espíritu de bestias
a domesticar nuestro salvajismo venerado.
Somos la especie que aunque se jura liberta
sigue siendo esclava de sí misma.
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