frank espitia
Poeta recién llegado
La noche llovía, soberbia se veía
Paciente esperaba nuestro siguiente movimiento
Haciendo el momento
Más dulce, más bello, como tu sonrisa.
El calor del día había muerto
Con tu mirada derritiéndome
El cielo dejaba caer una brisa.
La noche en oscuridad reposaba
La noche sola, y amargada descansaba
Tenía tantas cosas que hacer
Pero solo a nosotros apreciaba
Esperando de nosotros alguna noticia
De que quedar asombrada
Nos mirábamos, nuestros ojos nos dilataban
Hablábamos sin palabras.
Despistada en mis versos quedo la noche
Sin tener idea de lo que pasaba
En un instante, de un solo roce
Se dio cuenta de que había acabado lo que deseaba.
La rosa en tus manos se hundió
Dejando una aguda expresión de dolor
Tu mano goteaba, y despedía rojo
El cual se ocultaba en los pétalos rotos.
Tu daño me causo un alivio,
Volví a sentir el mismo dolor pero ahora lo compartía contigo.
La discusión había terminado,
Nosotros no seriamos más que simples extraños.
Tus ojos de miel se despintaban lentamente, dejando de ser raros,
Volviéndose aburridos y difícil de ver.
Te tapabas la cara de vergüenza
Yo apreciaba esa noche que estaba de introvertida,
Burlándose de mí esmera desgracia.
Mis manos en pereza no tenían nada que hacer,
Ni siquiera una caricia, una ayuda para tu condolencia.
Mis manos tenían razón
No tenia por que desgarrar mi pensar por ti,
Por la mujer que traiciono mi honor.
Por la mujer que me aniquilo.
Una rosa enterrada en tu mano
No se compara a la estaca enterrada en mi corazón.
No te sientas la ofendida, no te sientas la débil, la que no sabia que hacer.
Hasta un perro puede llegar a ser fiel.
Yo perdí a un amor, yo te perdí a ti,
Tan solo te quejas de excusas, que no tienen principios ni siquiera un fin.
Esta historia no va comenzando sino terminando,
Esa cicatriz nunca se curara, seguirá de fastidio
Saciando el dolor que por el resto de tus días sentirás
Paciente esperaba nuestro siguiente movimiento
Haciendo el momento
Más dulce, más bello, como tu sonrisa.
El calor del día había muerto
Con tu mirada derritiéndome
El cielo dejaba caer una brisa.
La noche en oscuridad reposaba
La noche sola, y amargada descansaba
Tenía tantas cosas que hacer
Pero solo a nosotros apreciaba
Esperando de nosotros alguna noticia
De que quedar asombrada
Nos mirábamos, nuestros ojos nos dilataban
Hablábamos sin palabras.
Despistada en mis versos quedo la noche
Sin tener idea de lo que pasaba
En un instante, de un solo roce
Se dio cuenta de que había acabado lo que deseaba.
La rosa en tus manos se hundió
Dejando una aguda expresión de dolor
Tu mano goteaba, y despedía rojo
El cual se ocultaba en los pétalos rotos.
Tu daño me causo un alivio,
Volví a sentir el mismo dolor pero ahora lo compartía contigo.
La discusión había terminado,
Nosotros no seriamos más que simples extraños.
Tus ojos de miel se despintaban lentamente, dejando de ser raros,
Volviéndose aburridos y difícil de ver.
Te tapabas la cara de vergüenza
Yo apreciaba esa noche que estaba de introvertida,
Burlándose de mí esmera desgracia.
Mis manos en pereza no tenían nada que hacer,
Ni siquiera una caricia, una ayuda para tu condolencia.
Mis manos tenían razón
No tenia por que desgarrar mi pensar por ti,
Por la mujer que traiciono mi honor.
Por la mujer que me aniquilo.
Una rosa enterrada en tu mano
No se compara a la estaca enterrada en mi corazón.
No te sientas la ofendida, no te sientas la débil, la que no sabia que hacer.
Hasta un perro puede llegar a ser fiel.
Yo perdí a un amor, yo te perdí a ti,
Tan solo te quejas de excusas, que no tienen principios ni siquiera un fin.
Esta historia no va comenzando sino terminando,
Esa cicatriz nunca se curara, seguirá de fastidio
Saciando el dolor que por el resto de tus días sentirás