EL IMIAMENSE
Poeta
Ruptura
El cuarto día después de la ruptura es el peor.
Las tres primeras jornadas parecen no existir
el tiempo pasa y la memoria parece dormida
como si no cambiara nada en tu existencia.
A la siguiente fecha llegan la nostalgias
las ganas de enviar mensajes de humo
de secuestrar una paloma mensajera
de embarcar una botella por las aguas de algún río
de practicar telepatía a distancia
de enviar grafiteros a hacer pintadas en su barrio.
Revisas casi sin notarlo el teléfono
lamentas tus últimas palabras
te asaltan las dudas responsables
y a modo de auto-compasión
terminas absolviendo a la otra parte.
Entonces desechas todas las opciones
y ningún aviso es enviado a sus buzones.
Prefieres mirar como perdido
fotos comunes, que alguna vez
fueron esquirlas de amor incrustadas en la piel.
Ahora te parecen fragmentos de un vaso roto
dispersados en opuestas direcciones.
El cuarto día después de la ruptura es el peor.
Las tres primeras jornadas parecen no existir
el tiempo pasa y la memoria parece dormida
como si no cambiara nada en tu existencia.
A la siguiente fecha llegan la nostalgias
las ganas de enviar mensajes de humo
de secuestrar una paloma mensajera
de embarcar una botella por las aguas de algún río
de practicar telepatía a distancia
de enviar grafiteros a hacer pintadas en su barrio.
Revisas casi sin notarlo el teléfono
lamentas tus últimas palabras
te asaltan las dudas responsables
y a modo de auto-compasión
terminas absolviendo a la otra parte.
Entonces desechas todas las opciones
y ningún aviso es enviado a sus buzones.
Prefieres mirar como perdido
fotos comunes, que alguna vez
fueron esquirlas de amor incrustadas en la piel.
Ahora te parecen fragmentos de un vaso roto
dispersados en opuestas direcciones.