Y cuando el Buda y el reloj de arena, y la postal de San Sebastián,
y los pinceles de acuarela….
y si el revés tiene la pausa, si la calavera es obligatoria,
si las ramas dicen noche, y dice memorias, el mar…
y como la intimidad del toro y los cuervos,
por esas abundancias de playas;
los frutos de paz, la calidez del papel y las espesuras llenas de signos…
los amigos que se reencuentran, los balcones descriptivos,
y las cordilleras que relampaguean…
el mercado que parece flotar entre las nubes aromosas,
y las princesas que revolotean por esas rutas monumentales.