esteban7094
Poeta recién llegado
A mis hermanas
De codos,
En uno de los muros de la vieja casa,
Contemplando los naranjos,
Los rosales, las hortensias,
Me voy yendo en la resaca
De los recuerdos y las imaginerías:
¡Oh danza del ensueño y lo vivido!
“Hijo, entra ya, pues padre se ha ido lejos…
¡No!, padre está sordo en la mina,
Ahondándose en el alma
Para hallar con tristeza las gemas rotas
De mi amor.
¡Ay, hijo mío, la muerte ha sesgado
El péndulo de nuestro fervor!
Pero madre, ¡a qué tanto cielo en mis ojos
Si en mi pecho negro retumba de padre
La última oración!...
La brisa llega lenta,
Como un rumor espectral de antiguas visiones,
Haciendo arder los perfumes del crepúsculo
En la melancolía de las sombras.
Una lágrima surca el canto de los turpiales…
“…Hermanas, comamos y juguemos,
La abuela pronto llegará
Y, como una mañana blanca y floreada,
Disipará la honda negrura de los días fieros…
¡No te atrevas canalla!...”
“¡Ay, hijo mío, de qué vale la lejanía
Cuando la ausencia es horadada
Por el más triste de los recuerdos!...
¡No, madre, no te aflijas!
Papá aún está en el abismo,
Tembloroso, temeroso,
Acostado en la soledad de la vida,
Viendo sin ver cómo el humo de sus entrañas
Se pierde en la amargura de su silencio…”
Llega la noche…
Y todo se deshace,
Todo delirio se desdice en la penumbra ebria.
Y todavía de codos en el muro de las nostalgias,
Me pregunto:
¡Qué hay más atrás de los naranjos,
De las hortensias, de la vieja casa!...
¡Qué hay más atrás de la brisa,
Del perfume alucinante, de los bellos cantos!...
¡Quizá la inmensidad!
La inmensidad que late fuerte
Entre el ensueño y lo vivido,
entre mi pecho y lo inasible...
l. e. torres