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Rutinas

danie

solo un pensamiento...
Como una obra, por muy buena que sea, que al leerla por segunda vez pierde su sabor, la vida es así, o mejor dicho, mi vida es así.
Lo rutinario y monótono se pega a mi espejo, lo tedioso abre brechas entre mis cabellos con pesadas cargas para mi frente. Es denso vivir, lo admito, pero es aún más denso morir. Y digo esto porque vivir como un muerto en la constante existencia de mi sentir es todo un hecho.

Amanecer a media tarde con la ayuna extenuante de mi bajo vientre y con la resaca insuperable de un hígado desecho es un hábito trágico de mi ser, y más, todavía, si vives noctámbulo durante el día, entre jardines de cenizas y huesos, entre tallos de cortadas rosas con espinas que se incrustan sobre el lecho. ¿Cómo dormir bien en una cama que te sepulta con sus cortinas de hierro cargadas de espectros? ¿Cómo dormir si tu conciencia es un mar que se vuelve un piélago sin ninguna costa, sin un mísero salvavidas que te rescate del momento? Vivir tras las sombras de las lápidas del ayer es un calvario en todo aspecto, y respirar las simientes de mi mansión baldía se torna un asqueroso desecho del mismo averno.

Por eso mismo siempre caigo en la maña de buscar un cable a tierra, un oasis en medio del desierto, pero ese cable se vuelve un conductor de rayos en plena tormenta, ese oasis se trasforma en un trago amargo de más arena. Y así quedo con mi hígado agujereado al borde de colapsar por la cirrosis, con los pulmones como branquias enrojecidas intentando no asfixiarse con el opio del oxígeno, con la vejiga inflamada por tanto semen que intenta explotar ―¿vieron alguna vez un volcán taponado?¡Seguramente que no! Pero imagínense al cráter constipado con tanta lava por dentro a punto de estallar―, pero al final del día ni siquiera una gota para eyacular. Ese es el grave problema de mi sexo, no soy unisexual, más todavía me considero un pajero heterosexual y anónimo, igual al perro del hortelano: no come y no deja comer, mejor dicho no como y no puedo por más que quiera comer.

En mis tardes de diván muchas veces se lo he comentado a mi terapeuta, a esa morocha para el infarto por sus enormes tetas y su culo digno para el nobel de la sensual mujer universal. La respuesta de ella era clara: lo tuyo es un problema mental, como queriendo decirme que mi cabeza gobierna a mi pene, y entre tanto conflicto interno: batallas entre mis fantasmas, voces tenaces que gritan silencios, muros de la alcoba que se ríen sarcásticamente de mis pobrezas, sombras y rostros del pasado que me apresan, quedo encausado por las sábanas. Por otro lado, tampoco, no es un mito que el cigarrillo te traiga impotencia sexual, pero hay que aprender a vivir con eso, o vives o te mueres, o, en fin, vives como un muerto.


Es que me siento sucio, leproso, y eso no se quita por más que te bañes con un antiséptico; la constante humillación es una parte elemental de mi rutina mañanera que comienza por nublar mis ideas y termina flagelando hasta el pito con el que orino mis deseos.

Así me pregunto, mil veces, ¿cómo vivir entre victorias sin gloria que se escaparon junto con mi éxodo?, ¿cómo vivir con la monótona agonía de las mariposas alcohólicas que son reclusas de mi eterna afonía?

¡Para no estar loco! ―Me dice mi íntima amiga mientras me acaricia la entre pierna
―. Yo por dentro pienso: ¡no se puede vivir tan alzada! Lo de ella sí que es un amor más que platónico, desde purreta me arrastra el ala y yo sin poder darle matraca, no porque no quiera, muchas veces lo intentamos, pero ya le aclaré mil veces que soy un verdadero fiasco en la cama, pero es conformista e incluso masoquista ya que prefiere mantener la amistad y tragarse las ganas de otra cosa más.

Esto es algo de mi vida rutinaria, como ya aclaré antes: soy un pajero anónimo y me mato con el alcohol, me mutilo con los cristales resquebrados de mi cielo, ¿si esto no es también una actitud netamente masoquista o simplemente conformista? ¿Qué carajo es?


Soy un pobre diablo, ya lo sé, y me alimento de mis propias tormentosas rutinas. Sueño, vivo y cago resacas y miserias; intento no tropezarme con el borde de mi propia cornisa, pero siempre caigo sobre la mierda que defeca un dios devorador de mis vísceras.

Así vivir con la semana que queda atravesada en la garganta formando un nudo de corbata que ata los testículos a la faringe es casi imposible para muchos, pero para mí es simplemente una rutina más.







01 de octubre del 2014
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Tengo la cabeza incinerada y me olvide todo sobre la sintaxis, por otro lado evité leerlo por tercera vez en la corrección para no asustarme yo mismo por mi propio ser, por eso mismo lo expongo en este foro.

Pido disculpas por las molestias que pueda ocasionar o por la repulsión que genere al lector este ensayo, por otro lado agradezco de antemano sus preciados tiempos empleados en la lectura.
 
Última edición:
Es que ese personaje está enfrascado en la rutina de sus propios vicios, y a nada le saca mejor placer que a la soledad en la que vive.

En ocasiones la rutina da mucho asco, un abrazo
 
Como una obra, por más buena que sea, que al leerla por segunda vez pierde el sabor, la vida es así, mejor dicho, mi vida es así. 1

Lo rutinario y monótono se pega a mi espejo; lo tedioso abre brechas entre mis cabellos con pesadas cargas para mi frente. Es denso vivir, lo admito, pero (también) 2 es aún más denso morir. /punto seguido/ Y digo esto porque vivir como un muerto en la constante existencia de mi sentir es todo un hecho.

Amanecer a media tarde con la ayuna extenuante de mi bajo vientre y con la resaca insuperable de un hígado desecho, es un hábito trágico de mi ser, y más aún, (todavía,) si vives noctámbulo durante el día, entre jardines de cenizas y huesos, entre tallos de cortadas rosas con espinas que se incrustan sobre el lecho. ¿Cómo dormir bien en una cama que te sepulta con sus cortinas de hierro cargadas de espectros? ¿Cómo dormir si tu conciencia es un mar que se vuelve un piélago sin ninguna costa, sin un mísero salvavidas que te rescate del momento? Vivir tras las sombras de las lápidas del ayer es un calvario en todo aspecto, y respirar las simientes de mi mansión baldía se torna un asqueroso desecho del mismo averno.
Por eso mismo siempre caigo en la maña de buscar un cable a tierra, un oasis en medio del desierto, pero ese cable se vuelve un conductor de rayos en plena tormenta, ese oasis se trasforma en un trago amargo de más arena. Y así quedo con mi hígado agujereado al borde de colapsar por la cirrosis, con los pulmones como branquias enrojecidas intentando no asfixiarse con el opio del oxígeno, con la vejiga inflamada por tanto semen que intenta explotar ―¿vieron alguna vez un volcán taponado?¡Seguramente que no! Pero imagínense al cráter constipado con tanta lava por dentro a punto de estallar―, pero al final del día ni siquiera una gota para eyacular. Ese es el grave problema de mi sexo, no soy unisexual, más todavía me considero un pajero heterosexual y anónimo, igual al perro del hortelano: no come y no deja comer, o mejor dicho, no como y no puedo por más que quiera comer.

En mis tardes de diván muchas veces se lo he comentado a mi terapeuta, a esa morocha para el infarto por sus enormes tetas y su culo digno para el nobel de la sensual mujer universal. La respuesta de ella era clara: “lo tuyo es un problema mental”, como queriendo decirme que mi cabeza gobierna a mi pene. Y entre tanto conflicto interno: batallas entre mis fantasmas, voces tenaces que gritan silencios, muros de la alcoba que se ríen sarcásticamente de mis pobrezas, sombras y rostros del pasado que me apresan, quedo encausado por las sábanas.

/punto aparte/
Por otro lado, tampoco, no es un mito que el cigarrillo te traiga impotencia sexual, pero hay que aprender a vivir con eso, o vives o te mueres. En fin, vives como un muerto.

Es que me siento sucio, leproso, y eso no se quita por más que te bañes con un antiséptico; la constante humillación es una parte elemental de mi rutina mañanera que comienza por nublar mis ideas y termina flagelando hasta el pito con el que orino mis deseos.

Así, me pregunto (,) mil veces (,) ¿cómo vivir entre victorias sin gloria que se escaparon junto con mi éxodo?, ¿cómo vivir con la monótona agonía de las mariposas alcohólicas que son reclusas de mi eterna afonía?

¡Para no estar loco! ―dice mi íntima amiga mientras me acaricia la entre pierna―. Yo por dentro pienso: ¡no se puede vivir tan alzada!

/punto aparte/
Lo de ella sí que es un amor más que platónico, desde purreta me arrastra el ala y yo sin poder darle matraca, no porque no quiera, muchas veces lo intentamos, pero ya le aclaré mil veces que soy un verdadero fiasco en la cama, pero es conformista e incluso masoquista, ya que prefiere mantener la amistad y tragarse las ganas de otra cosa más.

Esto es algo de mi vida rutinaria, como ya aclaré antes: soy un pajero anónimo y me mato con el alcohol, me mutilo con los cristales resquebrados de mi cielo… (¿) Si esto no es también una actitud netamente masoquista o simplemente conformista, (?) ¿qué carajo es?

Soy un pobre diablo, ya lo sé, y me alimento de mis propias tormentosas rutinas. Sueño, vivo y cago resacas y miserias; intento no tropezarme con el borde de mi propia cornisa, pero siempre caigo sobre la mierda que defeca un dios devorador de mis vísceras.

Así, vivir con la semana que queda atravesada en la garganta formando un nudo de corbata que ata los testículos al pecho, es casi imposible para muchos, pero para mí es simplemente una rutina más.


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1
No lo marco como que está mal, porque no podría afirmar que sea así, pero como dice Lluvia; “me hace ruido” y no le enfoco bien por qué, quizás sea la disposición de las palabras… Te dejo otra opción a ver si tú lo notas:


Como una obra, por muy buena que sea, que al leerla por segunda vez pierde su sabor, así es la vida, o mejor dicho, mi vida.

2 Creo que con el aún es suficiente, “también” y “todavía” para expresar lo mismo, hace que se sienta la sobra de uno de los dos…






Tu narrativa cada día me gusta más Danie, cuánto talento narrativo bajo la manga guardabas, ¡eh!
Este en particular tiene una temática y un personaje-narrador bastante "realista".
Bueno, dejo algo para su publicación...

Te he dejado, mayoritariamente, sugerencias mías, espero te sea de ayuda alguna.

Me encantó!

Besos
 
Parece que la calentura mental y la rutina de los vicios pueden más que la claridad, porque solo se alza el codo para poder beber, jajajajaja así bienen después las lamentaciones, jajaja, Una buena prosa Daniel, toda una entretenida historia. Estás hecho un gran escritor amigo, te felicito.
Un abrazo y reputación.
 

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