ISIDRO MUÑOZ
Poeta recién llegado
Sábado fatídico, inexorable aforismo de color opaco,
de interminables galimatías sin sentido, siempre
sin sentido y abstracto.
Colmadas de personajes totalmente ajenos, extraños a
mis sentimientos, pero sobre todo ajenos a lo que
pasa entre tu y yo, a lo nuestro.
Mientras se desarrolla la retórica política, económica e
inevitablemente la religiosa, me mantengo estoicamente
sentado en mi silla que es como una isla, yo con un
ojo rojizo y el otro nublado anunciando tempestad cuando
la platica arriba a la inflación y al próximo sexenio.
(y que difícil es aguantar el llanto cuando me faltan tus besos)
Después sólo quedan contornos, rostros todos iguales
y sistemáticos que emiten bisbiseos incomprensibles
porque no te nombre nadie.
( y solo descifro ausencia).
Me persigue mi teléfono inmóvil, obsoleto y sobre todo mudo,
mientras me sirvo mi café con dos cucharaditas de azufre
y finjo una sonrisa equitativamente apócrifa.
El agotamiento llega a su vértice cuando se dispara la noche
y el ojo de plata me recuerda que una vez más me acompaña
el cantar de los grillos y el ruido de un tren que se disipa a lo lejos,
en lugar de tu risa, tus suspiros y su reflejo...
Necios, todos necios, ¿cómo justificar su ceguera?
¡Hasta un loco podría escudriñar en mí otear la tristeza
que llevo dentro!
Y mi menester de que guarden silencio porque quiero llorar,
sólo quiero recordarla y ponerme a llorar en este sábado fatídico
donde la mente pide paz, comprensión y sosiego.
de interminables galimatías sin sentido, siempre
sin sentido y abstracto.
Colmadas de personajes totalmente ajenos, extraños a
mis sentimientos, pero sobre todo ajenos a lo que
pasa entre tu y yo, a lo nuestro.
Mientras se desarrolla la retórica política, económica e
inevitablemente la religiosa, me mantengo estoicamente
sentado en mi silla que es como una isla, yo con un
ojo rojizo y el otro nublado anunciando tempestad cuando
la platica arriba a la inflación y al próximo sexenio.
(y que difícil es aguantar el llanto cuando me faltan tus besos)
Después sólo quedan contornos, rostros todos iguales
y sistemáticos que emiten bisbiseos incomprensibles
porque no te nombre nadie.
( y solo descifro ausencia).
Me persigue mi teléfono inmóvil, obsoleto y sobre todo mudo,
mientras me sirvo mi café con dos cucharaditas de azufre
y finjo una sonrisa equitativamente apócrifa.
El agotamiento llega a su vértice cuando se dispara la noche
y el ojo de plata me recuerda que una vez más me acompaña
el cantar de los grillos y el ruido de un tren que se disipa a lo lejos,
en lugar de tu risa, tus suspiros y su reflejo...
Necios, todos necios, ¿cómo justificar su ceguera?
¡Hasta un loco podría escudriñar en mí otear la tristeza
que llevo dentro!
Y mi menester de que guarden silencio porque quiero llorar,
sólo quiero recordarla y ponerme a llorar en este sábado fatídico
donde la mente pide paz, comprensión y sosiego.
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