Es salado el sabor de tus mejillas
pues lloras, lloras, sin saber motivo,
causa, dolor o pena,
que hace que seas fuente,
sin que nadie tu agua beba.
No sabes si esperar,
ser juzgado por quien pase,
a la vista de cualquiera,
o esconderte , como animal herido,
reticente ante la crueldad,
que se intuye ante una mano,
una vez considerada amiga.
Eres estatua de carne trémula,
estremecida por su flaqueza,
por la contradición que se pasea
entre el laberinto de la razón,
barnizada por pasión oscura,
que refleja la materia,
en su centro abominable,
que se recorta ante el espejo,
que revela tus secretos culpables.
pues lloras, lloras, sin saber motivo,
causa, dolor o pena,
que hace que seas fuente,
sin que nadie tu agua beba.
No sabes si esperar,
ser juzgado por quien pase,
a la vista de cualquiera,
o esconderte , como animal herido,
reticente ante la crueldad,
que se intuye ante una mano,
una vez considerada amiga.
Eres estatua de carne trémula,
estremecida por su flaqueza,
por la contradición que se pasea
entre el laberinto de la razón,
barnizada por pasión oscura,
que refleja la materia,
en su centro abominable,
que se recorta ante el espejo,
que revela tus secretos culpables.