No dormí entre la inocencia
de tu pelo y tus pechos...
Hoy ni siquiera tengo esa esperanza.
hoy no dormiré pensando
en algún día dormir contigo.
La noche cavilosa
me tienta cavilar,
y recorrer su cuerpo infinito,
oscuro, poco ingenuo.
Tu cuerpo amada mía
era finito, claro,
contrario al de la noche.
¡Imposible de recorrer!
Al llegar a mi aposento
me acomodo en la tragedia.
¡Oh amada!
¿Qué pasará al empuntar nuestro poema?
¡Tenaz! ¡ciego!
Cómo te atreves a preguntarme,
si el último verso se escribió
cuando yo estaba sola
y tú estabas durmiendo.
Hoy duermo con mi deseo pueril,
consolándolo,
y le explico que sin ella...
Tendré que matarlo.