Otoño.
Recogeré mi corazón en casa,
no sea que lo cubran las hojas muertas.
Veo una foto nuestra y me pregunto:
¿Cómo puede disiparse tan rápido el amor?
Aún no se como pasó.
Pero la discusión llegó a un punto,
en el que yo mismo eché agua a la débil llama,
que posiblemente quedara entre los dos.
Cegado tiré los sentimientos por la ventana,
Y con ellos, lo poco que me quedaba de cordura,
y de razón.
Le dije unas frases que pasaron por la ira y el dolor,
ignorando por completo la parte buena de mi alma,
que dejé escondida, en un rincón perdido de la habitación.
Mis palabras silbaron como saetas al viento,
Dando en realidad, donde menos quería dar.
De un tiro herí dos corazones a muerte
aunque el mío, eso sí,
ya estaba en estado terminal.
Me arrepiento tanto
La conciencia me va comiendo unas entrañas,
que ya están desgastadas de tantas ganas de llorar.
Deseando continuamente coger las agujas del reloj,
y echar las horas para atrás.
La vida es como es, porque ella ya no me quería,
lo se.
Y quizás ha pasado lo que tenía que pasar.
Pero se me han quedado las ganas de decirle
que si ella hubiera sido marea,
yo hubiera sido barco a la deriva.
Decirle que, si ella hubiera sido una sirena,
yo me hubiera hecho una casita para vivir allá,
en el fondo del mar.
Recogeré mi corazón en casa,
no sea que lo cubran las hojas muertas.
Veo una foto nuestra y me pregunto:
¿Cómo puede disiparse tan rápido el amor?
Aún no se como pasó.
Pero la discusión llegó a un punto,
en el que yo mismo eché agua a la débil llama,
que posiblemente quedara entre los dos.
Cegado tiré los sentimientos por la ventana,
Y con ellos, lo poco que me quedaba de cordura,
y de razón.
Le dije unas frases que pasaron por la ira y el dolor,
ignorando por completo la parte buena de mi alma,
que dejé escondida, en un rincón perdido de la habitación.
Mis palabras silbaron como saetas al viento,
Dando en realidad, donde menos quería dar.
De un tiro herí dos corazones a muerte
aunque el mío, eso sí,
ya estaba en estado terminal.
Me arrepiento tanto
La conciencia me va comiendo unas entrañas,
que ya están desgastadas de tantas ganas de llorar.
Deseando continuamente coger las agujas del reloj,
y echar las horas para atrás.
La vida es como es, porque ella ya no me quería,
lo se.
Y quizás ha pasado lo que tenía que pasar.
Pero se me han quedado las ganas de decirle
que si ella hubiera sido marea,
yo hubiera sido barco a la deriva.
Decirle que, si ella hubiera sido una sirena,
yo me hubiera hecho una casita para vivir allá,
en el fondo del mar.