Safari

catacoli

Poeta recién llegado
De creciente a menguante, se me iba manchando la piel de luna y de lucero, y asì, tambièn la noche conspiraba junto a mi,
mientràs me envolvìa en camuflage de grillos y oscuridad.
Y cada noche yo ahì,
en mi ritual de hambre y frìo,
aguardando en vilo, tras los arboles y la espesura,
volver a sentir el sabor de su carne tibia y cruda,
el ritmo de su respirar como tambores antiguos,
la escencia de especias que guarda en su piel
y que me anestesia el dolor de ausencias.
Traicionè mi instinto y ahora famèlico y errante
voy dibujando cìrculos sobre el lodo,
componiendo siempre la misma canciòn
con el ritmo de mis pisadas sobre las hojas secas,
dejando mis huellas sobre mis huellas,
sin sueño, sin sosiego....
Pensè, craso error, pensè
que si le tenìa compasiòn y no le devoraba entero en el momento,
se darìa cuenta que algunas bestias
guardamos secrètamente una especie de fè,
algunas tambièn soñamos,
y a veces hasta anhelamos despertar buscando a nuestro lado, al otro. Pensè, craso error, pensè
que si le dejaba escapar volveria a buscarme,
a buscar a mi lado, la comuniòn con lo simple,
a viajar en introspecciòn,
para encontrar ahì, en la caverna mas recòndita de su viaje interno,
mi mano tendida que no le abandonarìa jamas.
Las bestias no estamos hechas para traicionar nuestra naturaleza,
ahora me toca dèambular hasta volver a encontrar
con el compàs de mi instinto a la manada,
y asì no olvidar quien soy,
una bestia solitaria
que desde lo lejos ve como los suyos parten en busca de alimento,
mientras èl se queda bajo el cobijo de la noche
recordando el sabor de la compasiòn.
 

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