Se asomó a la costera ventana
y la imaginó entre los corales finos,
cantando cual sirena desde sus abismos
con una voz clara pero lejana.
Sal mi amor de entre las algas
y cántame esta noche en nuestra cama,
que tu voz aún la tengo en mi mente
y me arrulla y me mece,
pero no te veo ni puedo tenerte.
Se sumergió en un sueño profundo
y soñó con ella flotando en el Mar,
brillando cual lucero al caminar
desde la orilla al horizonte del mundo.
Sal mi amor de entre las olas
que no quiero más soñar a solas,
pues tu imagen aún la tengo presente
y me besa, y me crece,
pero no te toco ni puedo olerte.
Despertó y fue a buscarla medio desnudo
sabiendo cuál sería su suerte.
Y así se entregó a la muerte
para estar con ella, ya que en vida no pudo.
Sal mi amor de entre los muertos
y formemos nuestra casa con corales yertos,
o luceros si lo prefieres.
Escuchemos a las sirenas cantar,
y sembremos algas sobre el fondo del Mar.
Luego, si tú quieres,
demos un paseo desde el horizonte a la orilla
y juguemos con las olas y la arena amarilla.
Después, en la noche, cántame al oído
y déjame que sueñe mientras a ti duermo cogido.
Que tu voz me arrulle con dulzura
y que tiernamente me meza,
y que un beso de tu alma pura
haga que la mía se crezca.
Porque ya te tengo y ya te veo,
ya te toco y hasta puedo olerte,
pues al Mar que de la vida me hizo triste reo
tras darte ¡mi amor! una trágica muerte,
hoy le he conseguido que a ti me una de nuevo
para que otra vez estemos juntos, ¡juntos una vez más!
pero juntos eternamente
sin oportunidad de separarnos nunca jamás.
y la imaginó entre los corales finos,
cantando cual sirena desde sus abismos
con una voz clara pero lejana.
Sal mi amor de entre las algas
y cántame esta noche en nuestra cama,
que tu voz aún la tengo en mi mente
y me arrulla y me mece,
pero no te veo ni puedo tenerte.
Se sumergió en un sueño profundo
y soñó con ella flotando en el Mar,
brillando cual lucero al caminar
desde la orilla al horizonte del mundo.
Sal mi amor de entre las olas
que no quiero más soñar a solas,
pues tu imagen aún la tengo presente
y me besa, y me crece,
pero no te toco ni puedo olerte.
Despertó y fue a buscarla medio desnudo
sabiendo cuál sería su suerte.
Y así se entregó a la muerte
para estar con ella, ya que en vida no pudo.
Sal mi amor de entre los muertos
y formemos nuestra casa con corales yertos,
o luceros si lo prefieres.
Escuchemos a las sirenas cantar,
y sembremos algas sobre el fondo del Mar.
Luego, si tú quieres,
demos un paseo desde el horizonte a la orilla
y juguemos con las olas y la arena amarilla.
Después, en la noche, cántame al oído
y déjame que sueñe mientras a ti duermo cogido.
Que tu voz me arrulle con dulzura
y que tiernamente me meza,
y que un beso de tu alma pura
haga que la mía se crezca.
Porque ya te tengo y ya te veo,
ya te toco y hasta puedo olerte,
pues al Mar que de la vida me hizo triste reo
tras darte ¡mi amor! una trágica muerte,
hoy le he conseguido que a ti me una de nuevo
para que otra vez estemos juntos, ¡juntos una vez más!
pero juntos eternamente
sin oportunidad de separarnos nunca jamás.