Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Acomodamos los besos que comienzan a llegar,
pendientes quedan los suspiros
y los ademanes que tuvimos
cuando nos comenzamos a mirar.
Toma mi mano y desliza mis dedos,
no me eches de menos
que no tardo en avanzar,
quédate con lo que digo
y dame hasta las cinco que te quiero contemplar.
En verso libre y sin mediar ninguna duda
esparzo mi tinta en tu cintura
como la sal se riega en pleno mar,
sin acento y con símil de placeres
se me quiebra la voz como lo quieres
y siento que vuelvo a volar.
Me miras sobre tus hombros, como pan con miel,
con una sonrisa en la espalda,
y cae a la distancia como sombra mojada
todo amor junto a tu piel.
Vuelve el agua al caldero,
soberana la tarde que sin monotonía
pide tu boca sobre la mía
y pido campo para que seas mi salero.
pendientes quedan los suspiros
y los ademanes que tuvimos
cuando nos comenzamos a mirar.
Toma mi mano y desliza mis dedos,
no me eches de menos
que no tardo en avanzar,
quédate con lo que digo
y dame hasta las cinco que te quiero contemplar.
En verso libre y sin mediar ninguna duda
esparzo mi tinta en tu cintura
como la sal se riega en pleno mar,
sin acento y con símil de placeres
se me quiebra la voz como lo quieres
y siento que vuelvo a volar.
Me miras sobre tus hombros, como pan con miel,
con una sonrisa en la espalda,
y cae a la distancia como sombra mojada
todo amor junto a tu piel.
Vuelve el agua al caldero,
soberana la tarde que sin monotonía
pide tu boca sobre la mía
y pido campo para que seas mi salero.