Marta Rivero
Poeta recién llegado
Un buen día
salió el sol
Se habían despejado las nubes para mostrarme el horizonte de ese largo camino
Y vi la senda porque había dejado de doler, porque la cinta había dejado de rebobinar
Porque ya no sangraba
Entonces encontré un diamante, y era grande, con luz propia...
Desprendía tanta luz como aquella que vimos al atardecer de un lugar inesperado
Bajo una cara risueña, bajo el eco de las carcajadas que se difuminaban en la suave brisa
Ausentes y en paz
En un abrir y cerrar de ojos el pesar desapareció, y volvió la calma con olor a sal
Bajo el auxilio de tu mirada, y entre los brazos de un calor sincero
Me devuelves la energía a través de tus dedos, como la primera vez
Ahora mi alma sana
Se habían despejado las nubes para mostrarme el horizonte de ese largo camino
Y vi la senda porque había dejado de doler, porque la cinta había dejado de rebobinar
Porque ya no sangraba
Entonces encontré un diamante, y era grande, con luz propia...
Desprendía tanta luz como aquella que vimos al atardecer de un lugar inesperado
Bajo una cara risueña, bajo el eco de las carcajadas que se difuminaban en la suave brisa
Ausentes y en paz
En un abrir y cerrar de ojos el pesar desapareció, y volvió la calma con olor a sal
Bajo el auxilio de tu mirada, y entre los brazos de un calor sincero
Me devuelves la energía a través de tus dedos, como la primera vez
Ahora mi alma sana