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Salitre sin hambre-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Surge el salitre de las bocas

del hambre. Comienzan las

estructuras del aire a tambalearse.

Cicatrices que mueven las pavesas.

Muerde la cicatriz el sueño, esporas

esparcidas por el viento, hasta quedar

atrapadas. Nieve de otros tiempos,

rosales injertados, tobillos de arena

llenos, hasta los crepúsculos coagulados.

Congénitas, las noches se suceden.

Parten por la mitad el alba, murciélagos

y latigazos de luz y resplandores.

©
 
Surge el salitre de las bocas

del hambre. Comienzan las

estructuras del aire a tambalearse.

Cicatrices que mueven las pavesas.

Muerde la cicatriz el sueño, esporas

esparcidas por el viento, hasta quedar

atrapadas. Nieve de otros tiempos,

rosales injertados, tobillos de arena

llenos, hasta los crepúsculos coagulados.

Congénitas, las noches se suceden.

Parten por la mitad el alba, murciélagos

y latigazos de luz y resplandores.

©
Ver la luz refractaria y la realidad temblando, una de mis pasiones, me fascinó, Ben. Un abrazo fraterno.
 
Surge el salitre de las bocas

del hambre. Comienzan las

estructuras del aire a tambalearse.

Cicatrices que mueven las pavesas.

Muerde la cicatriz el sueño, esporas

esparcidas por el viento, hasta quedar

atrapadas. Nieve de otros tiempos,

rosales injertados, tobillos de arena

llenos, hasta los crepúsculos coagulados.

Congénitas, las noches se suceden.

Parten por la mitad el alba, murciélagos

y latigazos de luz y resplandores.

©
Cada parte como troceada por ese circulo donde el musgo del alba todavia
permite recorrer con el alma callada ese salitre de formas hambrientas de
sensaciones. me gustó mucho. saludos amables de luzyabsenta
 
Surge el salitre de las bocas

del hambre. Comienzan las

estructuras del aire a tambalearse.

Cicatrices que mueven las pavesas.

Muerde la cicatriz el sueño, esporas

esparcidas por el viento, hasta quedar

atrapadas. Nieve de otros tiempos,

rosales injertados, tobillos de arena

llenos, hasta los crepúsculos coagulados.

Congénitas, las noches se suceden.

Parten por la mitad el alba, murciélagos

y latigazos de luz y resplandores.

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Vaya, BEN... qué confortable lectura y qué sensaciones despiertan en las entrañas...
He leido tu poema, y me ha cautivado por la manera tan personal de narración y por el tema que es escalofriante. Enhorabuena, porque me ha encantado. Un abrazo afectuoso.
Xesús
 
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