Vico Torquez
Poeta recién llegado
SALMO 1
Bendito el hombre
que no atisba los anuncios publicitarios,
ni se detiene a leer la revista Vanidades,
ni en el banco de los consumistas se sienta,
mas cumplir la ley de Dios es su alegría,
y discurre cómo ayudar al pobre noche y día.
Será como la flor del cardo plantada en la gran ciudad,
sus espinas disiparan el mal que todo lo bello quiere depredar;
sus colores verde y morado pondrán pigmento en la escala gris del alma consumida,
que nace clara y la vida torna opaca,
será sal y luz del mundo.
SALMO 3
Oh Dios, cuántos son mis enemigos,
cuántos los que se burlan de mí,
cuántos los que dicen de mi vida:
Piensa más en ti mismo.
Mas tú, mi Dios, eres mi escudo,
mi defensa ante lo tibio.
A tu nombre clamo cuando desaliento:
cuando prefiero comprar un auto nuevo, teniendo ya uno bueno;
cuando prefiero el celular último modelo con cámara, radio, wifi access;
antes que preguntarle a un menesteroso y opacado ser humano
si quiere trabajar en el Huerto del Señor de agricultor.
Oh Dios, bendice mis esfuerzos,
bendice mis monedas con que suministraré semillas,
equipos de labranza y asesores especializados,
porque sé que la cadena que sostiene la esclavitud es la indiferencia
y la libertad el amor,
porque sé que tu hijo no trabajaba para sí mismo,
porque sé que pudiendo ser rico con sus dones,
los repartió en el mundo y fue carpintero, pescador, profeta y salvador,
porque sé que en La parábola de los talentos,
hablabas de monedas, te referías al dinero bien gastado,
al talento para el necesitado.
Bendito el hombre
que no atisba los anuncios publicitarios,
ni se detiene a leer la revista Vanidades,
ni en el banco de los consumistas se sienta,
mas cumplir la ley de Dios es su alegría,
y discurre cómo ayudar al pobre noche y día.
Será como la flor del cardo plantada en la gran ciudad,
sus espinas disiparan el mal que todo lo bello quiere depredar;
sus colores verde y morado pondrán pigmento en la escala gris del alma consumida,
que nace clara y la vida torna opaca,
será sal y luz del mundo.
SALMO 3
Oh Dios, cuántos son mis enemigos,
cuántos los que se burlan de mí,
cuántos los que dicen de mi vida:
Piensa más en ti mismo.
Mas tú, mi Dios, eres mi escudo,
mi defensa ante lo tibio.
A tu nombre clamo cuando desaliento:
cuando prefiero comprar un auto nuevo, teniendo ya uno bueno;
cuando prefiero el celular último modelo con cámara, radio, wifi access;
antes que preguntarle a un menesteroso y opacado ser humano
si quiere trabajar en el Huerto del Señor de agricultor.
Oh Dios, bendice mis esfuerzos,
bendice mis monedas con que suministraré semillas,
equipos de labranza y asesores especializados,
porque sé que la cadena que sostiene la esclavitud es la indiferencia
y la libertad el amor,
porque sé que tu hijo no trabajaba para sí mismo,
porque sé que pudiendo ser rico con sus dones,
los repartió en el mundo y fue carpintero, pescador, profeta y salvador,
porque sé que en La parábola de los talentos,
hablabas de monedas, te referías al dinero bien gastado,
al talento para el necesitado.