Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bien pudieras olvidarme,
decir cuánto se te venga
a la cabeza y borrar con
vileza las huellas del huracán
Siempre habrá tiempo para odiarnos, y tan poco para querernos como nos quisimos
Así parecía, yo te amaba, tu mentías.
Pero cómo mentías...!
Los regalos, las palabras,
las caricias, aquellas que agitaban mi pecho con un desenfrenado crepitar.
Hoy la lluvia silencia el
llanto iluso e insensato
que solo pulula en torno
a un estéril recuerdo.
Sonoras ilusiones cargadas
de la sangre de una noche plateada, precipitada a caer,
a saltar por el vacío de mis ojos
Puedo ver la guerra en el inmenso gris, y las antorchas
correr de un lado a otro como
serpientes en llamas adorando el firmamento.
Y yo, que ya no siento
tu odio, ni tus caricias, ni tu
flama que encendía la antorcha de mi santa inquisición, me dejó el castigo
de no tenerte.
decir cuánto se te venga
a la cabeza y borrar con
vileza las huellas del huracán
Siempre habrá tiempo para odiarnos, y tan poco para querernos como nos quisimos
Así parecía, yo te amaba, tu mentías.
Pero cómo mentías...!
Los regalos, las palabras,
las caricias, aquellas que agitaban mi pecho con un desenfrenado crepitar.
Hoy la lluvia silencia el
llanto iluso e insensato
que solo pulula en torno
a un estéril recuerdo.
Sonoras ilusiones cargadas
de la sangre de una noche plateada, precipitada a caer,
a saltar por el vacío de mis ojos
Puedo ver la guerra en el inmenso gris, y las antorchas
correr de un lado a otro como
serpientes en llamas adorando el firmamento.
Y yo, que ya no siento
tu odio, ni tus caricias, ni tu
flama que encendía la antorcha de mi santa inquisición, me dejó el castigo
de no tenerte.
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