Carlito Gil
Poeta recién llegado
~Salvaje~
No puedo decir de tu corazón
que mostró ser tierno, pues, ¡cuál más fiero!;
que cabalgó, toda la noche al son,
su animal de sangre, sudor y cuero.
Era grande, libre y espinado;
viejo, traicionero y caprichoso.
Al mio; roto, solo y amargado
lo paraba saltando dichoso.
Tus latidos no me eran confiables
y entre ellos el silencio mentía,
pero era el calor tan refrescante
que uno saltó cuando lo metía.
Puedo contar que cobarde eras
cuando más conté con tu valor.
El precio de culparte, mi negra,
es mi eternidad sin tu calor.
De día, arrimado a tu pecho
con mi canción tu celo distraje;
quería robar algún secreto;
quería pintar ese paisaje.
Palpitó la cuenta de mis penas
la vena cual néctar penduló;
sumándome serena la deuda
de miel que mi lengua consagró.
Tragó tu seno, mi nena, lágrimas
que guardas donde mi oído abrazó.
Eres, la bóveda de mis lástimas,
la que casi nunca me lloró.
Escuché a todas perder la calma,
pues mi adiós tu mar evaporó.
No sé si se mojan en tu alma;
ella, que tan tarde me lloró.
Me dejó su eterno viaje
todo frío;
tu corazón es salvaje,
pero mío.
Carlos Antonio Gil
Carlos Antonio Gil