Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ven,
Cielo,
salvame,
que me muero
sin la mirada
de tus ojos negros.
De esos ojos profundos,
de esos, tus ojos serenos;
de esos luceros que me invitan,
a perderme en el furioso vuelo
de esa misteriosa luz que custodia
la copa en que anidan, todos tus deseos..
Ven y apiadate de mis ojos tristes,
que han sufrido tanto en este anhelo;
de estos ojos que te han amado,
con inmenso desespero;
de estos ojos vacíos,
que en húmedos versos,
como en un llanto
ya muy viejo
te dicen:
ciego
soy.
Cielo,
salvame,
que me muero
sin la mirada
de tus ojos negros.
De esos ojos profundos,
de esos, tus ojos serenos;
de esos luceros que me invitan,
a perderme en el furioso vuelo
de esa misteriosa luz que custodia
la copa en que anidan, todos tus deseos..
Ven y apiadate de mis ojos tristes,
que han sufrido tanto en este anhelo;
de estos ojos que te han amado,
con inmenso desespero;
de estos ojos vacíos,
que en húmedos versos,
como en un llanto
ya muy viejo
te dicen:
ciego
soy.