licprof
Poeta fiel al portal
Investigadora nata, recorre todos los rincones con su nariz hùmeda y negra que beso con pasiòn de enamorado.
Por las noches, duerme conmigo: le basta tocarme con sus uñas y su pata.
En las noches del punzante invierno, la siento caliente dormida a mi lado con sus innumerables tetitas.
Cuando muriò me mirò con sus ojos tristìsimos acaso sabiendo el final, sus ojos parecìan sospecharlo.
Hacìa dìas que se hacìa encima todo el tiempo y ya no caminaba. Sus llantos en el balcòn llenaban de dolor las noches y temìa que los vecinos de todos los edificios que nos rodean se quejaran.
Falleciò mientras yo dictaba clases de baile en el salòn.
Se endureciò mucho.
Con mi padre la llevamos en el baùl de un taxi hasta el Instituto Pasteur donde la cremaron.
Ahora solo es un recuerdo en mi cabeza y en mis palabras deletreadas.
Pero antes fue un cachorro, antes fue correr en la plaza detràs de una pelota y su sombra, antes fue sol y pasto y aullidos y romper los sillones y los zapatos y esconderse en las noches de tormenta y temblar como una hoja y abrir las puertas con su pata y saludar con su pata y detener una pelota como un jugador de fùtbol.
Dejo de escribir esto para almorzar unas papas hervidas, tomate con aceite y orègano, y fruta.
La mirada dulce y triste de Sami sigue en mi cabeza.
Pronto tambièn yo dejarè de escribir para pasar al olvido y al vacìo o nada total. Silencio.
Lo cierto es que en algùn momento hay que dejar de escribir y cerrar.
Ahora. O nunca.
Palabras.
Palabras que recorren mi vida.
Solo palabras, palabrerìo, piberìo.
Solo bralapas.
Solo.
Sol.
Por las noches, duerme conmigo: le basta tocarme con sus uñas y su pata.
En las noches del punzante invierno, la siento caliente dormida a mi lado con sus innumerables tetitas.
Cuando muriò me mirò con sus ojos tristìsimos acaso sabiendo el final, sus ojos parecìan sospecharlo.
Hacìa dìas que se hacìa encima todo el tiempo y ya no caminaba. Sus llantos en el balcòn llenaban de dolor las noches y temìa que los vecinos de todos los edificios que nos rodean se quejaran.
Falleciò mientras yo dictaba clases de baile en el salòn.
Se endureciò mucho.
Con mi padre la llevamos en el baùl de un taxi hasta el Instituto Pasteur donde la cremaron.
Ahora solo es un recuerdo en mi cabeza y en mis palabras deletreadas.
Pero antes fue un cachorro, antes fue correr en la plaza detràs de una pelota y su sombra, antes fue sol y pasto y aullidos y romper los sillones y los zapatos y esconderse en las noches de tormenta y temblar como una hoja y abrir las puertas con su pata y saludar con su pata y detener una pelota como un jugador de fùtbol.
Dejo de escribir esto para almorzar unas papas hervidas, tomate con aceite y orègano, y fruta.
La mirada dulce y triste de Sami sigue en mi cabeza.
Pronto tambièn yo dejarè de escribir para pasar al olvido y al vacìo o nada total. Silencio.
Lo cierto es que en algùn momento hay que dejar de escribir y cerrar.
Ahora. O nunca.
Palabras.
Palabras que recorren mi vida.
Solo palabras, palabrerìo, piberìo.
Solo bralapas.
Solo.
Sol.
Última edición: