BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y hay noches, noches,
sobre todo, por ese ínclito estupor
de viejas cañerías traspasando corazones y
esa eterna mezcolanza de querubines y amores
sin reserva. Y hay sobre todo
esa disputa celeste de los globos oculares,
que maldicen el hábito negro, la bruma insolente,
el paisaje uniforme que visten los tristes ejércitos
en la penumbra. Pero sobre todo, hay
díscolos columbarios que acechan la negrura
con el corazón dividido, con la mente a jirones,
con el espíritu demolido. Y si la muerte
aplasta, vértebra a vértebra, el suplicio de un órgano,
de una nevera portátil transmutada en vértigo silente,
entonces, sólo entonces, describirme el paraje aquel
tan hermoso.
©
sobre todo, por ese ínclito estupor
de viejas cañerías traspasando corazones y
esa eterna mezcolanza de querubines y amores
sin reserva. Y hay sobre todo
esa disputa celeste de los globos oculares,
que maldicen el hábito negro, la bruma insolente,
el paisaje uniforme que visten los tristes ejércitos
en la penumbra. Pero sobre todo, hay
díscolos columbarios que acechan la negrura
con el corazón dividido, con la mente a jirones,
con el espíritu demolido. Y si la muerte
aplasta, vértebra a vértebra, el suplicio de un órgano,
de una nevera portátil transmutada en vértigo silente,
entonces, sólo entonces, describirme el paraje aquel
tan hermoso.
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