Mis versos libres
Poeta recién llegado
I
Sentirse tan cerca del amor,
sin precisar el dolor
de pensar
que todo es en vano,
y cuando
el tiempo apenas comienza,
darse cuenta,
que ya estas acabado.
Saber que ha sucedido.
Que un día, a su lado,
te derrites hasta mezclarte con la tierra,
fundido en la certeza
de haber encontrado al fin,
algo verdadero.
No quisiera morir de improviso ni durmiendo,
sino morir lentamente.
Mirar la última ráfaga de luz
que se asome ante mis ojos,
sentir la postrera gota
de sangre que abandona mi cuerpo.
Sangrar y sangrar amor.
II
No importa lo que digan,
aunque sigas ocultándolo,
aunque intentes cerrarlo
y aunque quieran separarlos,
pues nadie sabe la verdad.
Tu corazón mutilado
estalla
de pasión que rasga tus venas.
Pues cuando llega
nada es más grande
que la ansiedad que viene
con su abrazo
y en esta isla de soledad,
en este mundo,
miran tu rostro
pensando que estás loco.
III
Cubro con las manos mis oídos
y aún así llega el ruido,
los gritos ensordecedores,
las voces que me piden que no siga.
Mas no importa cuanto diga
esa multitud de reclamos,
ese estruendo bullicioso
que me advierte una caída.
Mi corazón cicatrizado
abre la camisa
para recibir un nuevo golpe,
para seguir sangrando,
para sentirse vivo,
en cada gota que ha drenado.
Sentirse tan cerca del amor,
sin precisar el dolor
de pensar
que todo es en vano,
y cuando
el tiempo apenas comienza,
darse cuenta,
que ya estas acabado.
Saber que ha sucedido.
Que un día, a su lado,
te derrites hasta mezclarte con la tierra,
fundido en la certeza
de haber encontrado al fin,
algo verdadero.
No quisiera morir de improviso ni durmiendo,
sino morir lentamente.
Mirar la última ráfaga de luz
que se asome ante mis ojos,
sentir la postrera gota
de sangre que abandona mi cuerpo.
Sangrar y sangrar amor.
II
No importa lo que digan,
aunque sigas ocultándolo,
aunque intentes cerrarlo
y aunque quieran separarlos,
pues nadie sabe la verdad.
Tu corazón mutilado
estalla
de pasión que rasga tus venas.
Pues cuando llega
nada es más grande
que la ansiedad que viene
con su abrazo
y en esta isla de soledad,
en este mundo,
miran tu rostro
pensando que estás loco.
III
Cubro con las manos mis oídos
y aún así llega el ruido,
los gritos ensordecedores,
las voces que me piden que no siga.
Mas no importa cuanto diga
esa multitud de reclamos,
ese estruendo bullicioso
que me advierte una caída.
Mi corazón cicatrizado
abre la camisa
para recibir un nuevo golpe,
para seguir sangrando,
para sentirse vivo,
en cada gota que ha drenado.
Última edición: