Artémida
Poeta recién llegado
Qué ingenuo, corazón!
Pensaste que ya jamás te encontrarías a merced de las horas,
ansiando en la noche el llamado que te despierte,
ansiando en el día el llamado que te serene
Pero desengáñate, corazón...
Para ti jamás se acabarán las esperas,
eternamente tropezarás con desengaños
y te encontrarás vagando entre las conocidas sombras
Y al fin... admítelo, corazón!
Llevas tatuado el nombre de la soledad,
te recubre la piel la tristeza
y por tus venas corre el llanto de esta realidad
Pobre corazón estás sangrando...
Créeme, esa herida no cicatrizará,
puedes unir sus partes hasta el hartazgo,
pero una palabra, o su ausencia, desatará los hilos,
y nuevamente sangrarás sangrarás
Pensaste que ya jamás te encontrarías a merced de las horas,
ansiando en la noche el llamado que te despierte,
ansiando en el día el llamado que te serene
Pero desengáñate, corazón...
Para ti jamás se acabarán las esperas,
eternamente tropezarás con desengaños
y te encontrarás vagando entre las conocidas sombras
Y al fin... admítelo, corazón!
Llevas tatuado el nombre de la soledad,
te recubre la piel la tristeza
y por tus venas corre el llanto de esta realidad
Pobre corazón estás sangrando...
Créeme, esa herida no cicatrizará,
puedes unir sus partes hasta el hartazgo,
pero una palabra, o su ausencia, desatará los hilos,
y nuevamente sangrarás sangrarás