guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Lentamente fue quitándose la piel con la punta de los dedos.
Debajo de esa carcasa de suciedad expuesta la realidad
nacía una sangre pesada que como pegamento
se adhería a los músculos y ligamentos.
Sin duda había dolor en el acto,
en cada soplo de Matali Djin
que cuajaba la crudeza de su nuevo aspecto.
Sentía ahora toda la vida a su alrededor
porque [FONT="]él[FONT="] era muerte y fin.
Para conocer la vida hay que estar próximo a morir.
Los ojos, siempre había odiado sus ojos.
La gente los amaba y deseaba
como cuando una mujer se enamora de una esmeralda,
mas él los aborrecía por ser condena.
Tomando la daga de platino se perdió en la vista
que había clavado a la filuda punta.
Repitió así la acción quedando ciego ante la luna.
De la sangre de Adonis brotaron anémonas,
de la suya comunes retamas opacas.
Ya poco le quedaba de esa gran fuerza,
de esos destellos que podía lograr.
Era el día siete del mes y las estrellas callaban.
El debía de ser fénix en ese sabat
mas nunca se percató que nació Abraxaz.
Aun así se entregó al intercambió equivalente de la magia,
dando su existir a la mujer que aun muerta amaba.
Morrigan, la diosa de los fantasmas estaba cerca
mirando en forma cuervo como terminaba todo.
Daghda en silencio desde la nubes, lloraba la lluvia.
Un punto de luz se apagó en el cielo,
su corazón casi ausente de líquido se detuvo.
Su muerte parecía vana,
mas no hay muerte vana
cuando se muere por lo que uno ama.
Debajo de esa carcasa de suciedad expuesta la realidad
nacía una sangre pesada que como pegamento
se adhería a los músculos y ligamentos.
Sin duda había dolor en el acto,
en cada soplo de Matali Djin
que cuajaba la crudeza de su nuevo aspecto.
Sentía ahora toda la vida a su alrededor
porque [FONT="]él[FONT="] era muerte y fin.
Para conocer la vida hay que estar próximo a morir.
Los ojos, siempre había odiado sus ojos.
La gente los amaba y deseaba
como cuando una mujer se enamora de una esmeralda,
mas él los aborrecía por ser condena.
Tomando la daga de platino se perdió en la vista
que había clavado a la filuda punta.
Repitió así la acción quedando ciego ante la luna.
De la sangre de Adonis brotaron anémonas,
de la suya comunes retamas opacas.
Ya poco le quedaba de esa gran fuerza,
de esos destellos que podía lograr.
Era el día siete del mes y las estrellas callaban.
El debía de ser fénix en ese sabat
mas nunca se percató que nació Abraxaz.
Aun así se entregó al intercambió equivalente de la magia,
dando su existir a la mujer que aun muerta amaba.
Morrigan, la diosa de los fantasmas estaba cerca
mirando en forma cuervo como terminaba todo.
Daghda en silencio desde la nubes, lloraba la lluvia.
Un punto de luz se apagó en el cielo,
su corazón casi ausente de líquido se detuvo.
Su muerte parecía vana,
mas no hay muerte vana
cuando se muere por lo que uno ama.
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