Arcangel
Poeta recién llegado
Sangre
Sangre, como gotas de lluvia,
que brotan espesas y carmesí,
que derramo sobre mi mano,
vano cáliz de una vida olvidada.
Sangre, rebosa mi inútil mano,
y cae estrepitosa contra el suelo,
gotas, de una sanguínea tormenta,
de una efímera vida atormentada.
Sangre, égida de una vida olvidada,
estandarte de una agonía sempiterna,
agonía, sin origen pero con dolor,
dolor que perdurará hasta el ocaso.
Muerte
Muerte, ni la busco ni la deseo,
solo la espero, con mi carmesí vida,
escurriéndose entre mis flacos dedos,
cual inexorable reloj de fina arena.
Muerte, pronto llegará mi fin,
¡Nadie llorará por mi! olvidado.
Perdido en la memoria de extraños,
que antaño cuajaran mi agónica vida.
Muerte, que se acerca sin temor,
sin prisa pero finalmente, inexorable,
frio que recorre mis expeditas venas,
sangre ajada que no volverá a recorrerlas.
Existencia
Existencia, estado de postración,
que adornó mi lastimera vida,
aderezada con momentos de dolor,
y sangre que dio notas de color.
Existencia, período ya olvidado,
que melló mi ya frágil alma,
debilitada por años de soledad,
por años de insidiosa incomprensión.
Existencia, llegada ya a su final,
llega al fin el principio de otra,
no menos dramática o agónica,
pero quizás más llevadera.
Sangre, como gotas de lluvia,
que brotan espesas y carmesí,
que derramo sobre mi mano,
vano cáliz de una vida olvidada.
Sangre, rebosa mi inútil mano,
y cae estrepitosa contra el suelo,
gotas, de una sanguínea tormenta,
de una efímera vida atormentada.
Sangre, égida de una vida olvidada,
estandarte de una agonía sempiterna,
agonía, sin origen pero con dolor,
dolor que perdurará hasta el ocaso.
Muerte
Muerte, ni la busco ni la deseo,
solo la espero, con mi carmesí vida,
escurriéndose entre mis flacos dedos,
cual inexorable reloj de fina arena.
Muerte, pronto llegará mi fin,
¡Nadie llorará por mi! olvidado.
Perdido en la memoria de extraños,
que antaño cuajaran mi agónica vida.
Muerte, que se acerca sin temor,
sin prisa pero finalmente, inexorable,
frio que recorre mis expeditas venas,
sangre ajada que no volverá a recorrerlas.
Existencia
Existencia, estado de postración,
que adornó mi lastimera vida,
aderezada con momentos de dolor,
y sangre que dio notas de color.
Existencia, período ya olvidado,
que melló mi ya frágil alma,
debilitada por años de soledad,
por años de insidiosa incomprensión.
Existencia, llegada ya a su final,
llega al fin el principio de otra,
no menos dramática o agónica,
pero quizás más llevadera.