Armonia
Poeta veterana
Muñeca de porcelana,
viviendo en la cuerda floja
de una vida sin alba ni ocaso;
devolviéndole al espejo
una nublada visión.
Golondrina de alas cansadas
una nube fue tu estrella.
Mientras breves esferas
pincelaban tus sonrisas,
tú, corrías las persianas
viviendo la oscuridad de tus brazos.
El mapa de mis dedos
no dibujó tu jardín esperado,
no llegó el ruiseñor
y el rosal, se marchitó esperándole.
Resbalaste cuando asía tu mano
y sin embargo,
tuviste más fuerza que yo
escapando de mi abrazo.
Vives ahora como cometa,
en la elipse de un recuerdo
que puntualmente llega:
en cada latido del ocaso,
en las hojas que revolotean en el parque
en la soledad de un silencio.
Dejaste perfumada
a rosas y hechizo,
a café y sonrisa,
cada palabra de amor;
mientras mis labios
sólo olían tu acento.
Mi mundo etéreo, mi sueño;
te llevaste mi realidad
y pierdo la conciencia,
entre las candilejas del cielo,
para buscarte inútilmente.
¡Sarah, Sarah!
-te nombro en mis sueños-
¿Dónde escondiste los cristales?
-le pregunto a tu ausencia-
y el eco de nuestro corazón
me devuelve el silente latido
que dejaste.
...Dónde quiera que estés
se te extraña...
se te extraña...
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