Nat Guttlein
さん
La bruma reaparece.
Taciturna.
Silenciosa.
Armoniosa desde sus tonos más bajos,
hasta aquellos agudos y con voz de ángel.
Suelen atravesarme.
Cuán dagas en un baile agonizante.
Que me desangra entre memorias.
Recuerdos de un mañana que no sucedió.
Que le sigo narrando a la luna,
y que el sol suele apabullar,
entre los resquicios de mi ventana.
La sigo abriendo porque así lo recomiendan.
Hay que dejar que el aire pase,
que se mueva,
aunque tus recuerdos ya estén atados a mi almohada.
No me apetece mirar la hora.
No me dan ganas ni de siquiera leer ya sobre amor.
Porque todo me recuerda a eso que no fue.
Que por no haber sucedido,
quema y arde como la mierda.
Porque todo es porquería conmigo.
Porque en ese soy,
ya no te encuentras tú.
Que aunque poco hayas estado,
o quizás nada me hayas obsequiado.
Que va.
Soy yo,
de esas personas,
que aún guarda en la mesa de luz,
cada una de tus sonrisas.
Si aunque el cajón se encuentre vacío.
Taciturna.
Silenciosa.
Armoniosa desde sus tonos más bajos,
hasta aquellos agudos y con voz de ángel.
Suelen atravesarme.
Cuán dagas en un baile agonizante.
Que me desangra entre memorias.
Recuerdos de un mañana que no sucedió.
Que le sigo narrando a la luna,
y que el sol suele apabullar,
entre los resquicios de mi ventana.
La sigo abriendo porque así lo recomiendan.
Hay que dejar que el aire pase,
que se mueva,
aunque tus recuerdos ya estén atados a mi almohada.
No me apetece mirar la hora.
No me dan ganas ni de siquiera leer ya sobre amor.
Porque todo me recuerda a eso que no fue.
Que por no haber sucedido,
quema y arde como la mierda.
Porque todo es porquería conmigo.
Porque en ese soy,
ya no te encuentras tú.
Que aunque poco hayas estado,
o quizás nada me hayas obsequiado.
Que va.
Soy yo,
de esas personas,
que aún guarda en la mesa de luz,
cada una de tus sonrisas.
Si aunque el cajón se encuentre vacío.