dragon_ecu
Esporádico permanente
Se sientan muy orondos en la terraza,
mientras sorben su té frío de manzanilla.
discuten y arreglan al mundo con el gran saber
de tres encabezados del periódico online.
Pero la decisión verdadera les es ajena,
se halla muy lejos detrás de puertas oficiales,
moviendo a manos llenas la nómina,
de los que trabajan a bancas sin control.
Porque el Estado tiene mucha boca que alimentar
y pocos seres que puedan poner el asfalto.
Te hablan de progreso con la mirada fija no sé donde,
el hospital firma la espera hasta el día final.
Han decidido que lo tuyo ya no vale:
que la procesión es un estorbo,
ya la fiesta del pueblo, una barbarie,
y tu historia, un cuento de viejos
que les conviene olvidar.
Hay que pedir perdón por existir, dicen,
mientras abren el portón de par en par
al que llega con su bandera ajena,
"te quiero matar" o "no te respeto",
y el sueño de ver como arde
todo lo que encuentren levantado.
Es la paradoja del buenista
el del sueldo o el bono público.
No se percata que se financia
la soga que su cuello apretará.
Mientras quien labure o curre,
o tenga pega o vaya a chambear,
sostiene con sus impuestos
al tan cómodo parásito vividor.
Mientras el progre, woke iluminado
le llama al otro facho capitalista pobre,
solo por querer una calle limpia
y negarse a que su dinero se fuera
por el sumidero de la ideología.
Al final, cuando ya no quede rito que atacar,
ni actividad que gravar, ni permiso a coimear,
se preguntarán entonces torpemente:
¿por qué el silencio es tan espeso?
Pero para entonces,
hasta el camarero que les servía la penúltima
se habrá ya ido a otro país
aburrido de sus pregones.
mientras sorben su té frío de manzanilla.
discuten y arreglan al mundo con el gran saber
de tres encabezados del periódico online.
Pero la decisión verdadera les es ajena,
se halla muy lejos detrás de puertas oficiales,
moviendo a manos llenas la nómina,
de los que trabajan a bancas sin control.
Porque el Estado tiene mucha boca que alimentar
y pocos seres que puedan poner el asfalto.
Te hablan de progreso con la mirada fija no sé donde,
el hospital firma la espera hasta el día final.
Han decidido que lo tuyo ya no vale:
que la procesión es un estorbo,
ya la fiesta del pueblo, una barbarie,
y tu historia, un cuento de viejos
que les conviene olvidar.
Hay que pedir perdón por existir, dicen,
mientras abren el portón de par en par
al que llega con su bandera ajena,
"te quiero matar" o "no te respeto",
y el sueño de ver como arde
todo lo que encuentren levantado.
Es la paradoja del buenista
el del sueldo o el bono público.
No se percata que se financia
la soga que su cuello apretará.
Mientras quien labure o curre,
o tenga pega o vaya a chambear,
sostiene con sus impuestos
al tan cómodo parásito vividor.
Mientras el progre, woke iluminado
le llama al otro facho capitalista pobre,
solo por querer una calle limpia
y negarse a que su dinero se fuera
por el sumidero de la ideología.
Al final, cuando ya no quede rito que atacar,
ni actividad que gravar, ni permiso a coimear,
se preguntarán entonces torpemente:
¿por qué el silencio es tan espeso?
Pero para entonces,
hasta el camarero que les servía la penúltima
se habrá ya ido a otro país
aburrido de sus pregones.
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